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QUMRAN
El Monasterio de Qumran, situado en una pequeña meseta de materiales de aluvión, entre los acantilados del desierto de Judea y el Mar Muerto, es un centro de sumo interés para los estudios bíblicos, debido especialmente al descubrimiento de los famosos “manuscritos del Mar Muerto”.
¿Cómo fue el hallazgo?
Su hallazgo fue por casualidad, obra del azar. La cosa empezó el año 1947, cuando un muchacho beduino, una tarde, intentando echar hacia abajo unas cabras que se habían subido a la altura de esas cuevas, les arroja una piedra que cae en el interior de una de las cuevas, produciendo un ruido extraño, como si algo se hubiese roto. La sorpresa del ruido le produce curiosidad. No entró por miedo, pero al día siguiente él y un primo suyo entraron en la cueva y encontraron una tinaja con siete rollos de pergamino con garabatos. Eran los primeros rollos de pergamino.
En principio los manuscritos fueron a parar a Belén y a manos del Patriarca Sirio-Ortodoxo de Jerusalén. Más tarde fueron vendidos en Nueva York, y rescatados posteriormente por el Estado de Israel (Museo Rockefeller).
Este fue el principio de uno de los mayores descubrimientos arqueológicos del siglo. La crítica atribuye a estos documentos unos dos mil años de antigüedad, según el arqueólogo ALBRIT.
El hallazgo desencadenó una fiebre de búsqueda, que culminaría con el descubrimiento de unos seiscientos manuscritos, repartidos en once grutas naturales. En las grutas 1ª y 4ª, situadas a unos 50 metros del Monasterio, se encontraron 40.000 (cuarenta mil) fragmentos escritos (trozos de papiros). Esta Búsqueda la canalizó después el Estado de Israel. Examinados los documentos en un laboratorio suizo con las pruebas del nuevo carbono 14, cuyo margen de error no supera los 70 años, nos indican que fueron escritos en torno a los siglos II y I antes de Cristo.
Existen hasta treinta y una grutas en las que no se encontraron manuscritos, pero sí indicios de haber sido ocupadas, y entonces surgieron las preguntas formuladas por el Padre Dominico Roland de Vaux, de la escuela bíblica de san Esteban de Jerusalén: ¿Quién las habitó? ¿Quiénes habían escrito los manuscritos? ¿Por qué se hallaron en grutas? ¿Hubo algún centro religioso en el entorno?
Todas estas preguntas dieron pie a la investigación arqueológica de las grutas y alrededores para encontrar posibles datos.
La excavación fue dirigida (desde el año 1952 hasta el 1956) por el P. Roland de Vaux, dejando claro que allí hubo un cenobio judío, cuyos miembros pertenecían, sin duda, al movimiento ESENIO que tanto influjo ejerció en el judaísmo contemporáneo de Jesús.
Desde la plataforma, que tiene unos 620 m. cuadrados y que corona su antigua torre, se aprecian los distintos compartimentos: cocina, comedor, escritorio, sala de asambleas, lavandería, horno y muchas piscinas o cisternas para sus baños purificatorios. En la parte derecha. Los servicios, cuadras, cocinas. En la parte izquierda: el propio Monasterio, escritorio, comedor, sala del Prior (Maestro de justicia).
Extramuros del Monasterio, se observa el emplazamiento de su cementerio, con 1.200 tumbas. No es de extrañar lo relativamente pequeño del recinto con relación a la cantidad de monjes (150 a 200), pues en el monasterio estaban las estancias de las prácticas comunitarias (escritorio, comedor, cocina, baños, que recibían el agua del wadi, etc.) y el resto de la vida se hacía fuera, en tiendas como los beduinos, o en las cuevas.
Con esto tenemos la respuesta a una de las preguntas: ¿Hubo algún centro religioso en el entorno? La respuesta afirmativa es el fruto de las excavaciones. ¿Quiénes lo habitaron y, por tanto, escribieron los manuscritos? También, como fruto de las excavaciones, se identifican con un sector especial de la secta de los ESENIOS.
¿Quiénes eran los Esenios?
Se trataba de monjes que, en desacuerdo con el judaísmo oficial del Templo, buscaban en el desierto una mayor fidelidad a la Alianza en la práctica escrupulosa de la ley, en espera del Mesías. No estaban de acuerdo con que los Macabeos se hubiesen proclamado Sumos sacerdotes, interrumpiendo así la sucesión sadoquista (Sadoc era el Sumo Sacerdote de David).
Su vida, ajustada a unas reglas, se conoce gracias a los manuscritos y a Filón de Alejandría, historiador contemporáneo de Jesús. Las noticias que nos da coinciden con lo que dicen los manuscritos.
Así pues, tenían un Superior: el Maestro de Justicia; practicaban la comunión de bienes, pobreza personal y celibato, y se dedicaban al trabajo manual, la oración y el estudio de los libros sagrados, sin olvidar los baños rituales.
La comunidad estaba jerarquizada. Antes de entrar a formar parte de ella, el aspirante tenía que superar una serie de pruebas y escrutinios, como un noviciado. Esperaban al Mesías.
Los TEXTOS que escribieron

Los encontrados, por su contenido, pueden ser distribuidos en 3 grupos:
1º) BÍBLICOS: Todos los del Antiguo Testamento están representados, menos Ester; y los Salmos e Isaías con muchos ejemplares. Merece un puesto de honor el famoso «Códice de Isaías», expuesto en el Museo del Libro de Jerusalén. Son de gran importancia, pues están escritos el s. I a.C. y, por tanto, cinco siglos antes de los que se conocían hasta entonces, que eran del s. IV d.C. Según la última investigación del P. jesuita José 0-Callaghan sobre un papiro en griego (el 7-Q5) encontrado, que según él corresponde al capítulo 6, v.52-53 del evangelio de san Marcos, se demuestra la temprana composición y difusión del N. Testamento, pudiendo afirmarse que la composición del evangelio de san Marcos es anterior a lo que se creía (sobre el año 50); y que estas cuevas del Qumrán estuvieron también habitadas por los primeros cristianos.
2º) APÓCRIFOS: Algunos ya conocidos, como el de Henoc, y otra gran serie desconocida hasta entonces.
3º) SECTARIOS: Producción literaria propia de la secta, reglas, etc. Son los que proporcionan mayor información sobre su historia, vida... e interesantes para un estudio comparado con el Nuevo Testamento.
4º) COMENTARIOS: Libros de exégesis o reflexión sobre distintos libros de la Biblia.
La comparación de estos escritos con los del Nuevo Testamento nos sirve para constatar, por un lado, las raíces comunes del Antiguo Testamento como, quizá, expresiones comunes y alguna idea, sobre todo, con el 4º Evangelio: Luz-Tinieblas, etc. Pero, por otro lado, se pone de manifiesto la diferencia de dos doctrinas paralelas: la evangélica y la de los esenios, no dependiente la una de la otra. Así pues:
a) El rigorismo, el exclusivismo y la estrechez de los Esenios contrasta con el Universalismo Paulino y la caridad universal manifiesta en el mandamiento nuevo del Evangelio.
b) Los Esenios se ceñían a la ley, mientras que Jesús y sus discípulos sobrepasan la letra de la ley, invocando la libertad de los hijos de Dios, y la amplitud del Reino de Dios para con los pecadores.
c) A los ritos externos purificatorios de los esenios, se contrapone la pureza interior de Jesús.
d) Y la purificación del bautismo cristiano tiene otro sentido, purificación por ser «Regeneración», «Criatura nueva» en la vida de Cristo Resucitad de Cristo, pues el núcleo del cristianismo es la predicación de Cristo, muerto y resucitado.
¿Por qué estaban guardados en las cuevas?
Según se ha averiguado, el monasterio estuvo habitado desde el año 135 a.C., en tiempos de Juan Hircano, hasta el año 31, a.C., en que lo tuvieron que abandonar por un seísmo que lo destruyó. Volvieron al monasterio, lo reconstruyeron y volvieron a habitarlo desde el principio de la Era cristiana hasta el año 68, cuando las tropas de Vespasiano se adentraron en el desierto para sofocar la rebelión judía. El año 70, su hijo Tito, destruiría Jerusalén.
Ello provocó la alarma de los monjes, que optaron por huir hacia el Sur, pero antes habían escondido su biblioteca en grutas, con la esperanza de recobrarla después. Pero parece ser que los monjes, tras refugiarse en MASADA, compartirían el trágico final ante el acoso de los romanos, y antes de caer en sus manos, matándose unos a otros, todos se autoinmolaron allí. Y los Manuscritos, escondidos en las cuevas, se sumieron en un sueño de siglos, hasta la pedrada fortuita del joven pastor Beduino en el año 1947.
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