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Para la Misa en España de RNE (28 agosto de 2011)
Queridas religiosas concepcionistas, hermanos presentes en esta iglesia de “La Latina” y los que seguís la “Misa en España” a través de Radio Nacional: Paz y Bien.
Forzosamente tenemos que volver la mirada al domingo pasado. No sólo por recordar la gozosa jornada vivida por esos casi dos millones de jóvenes con el Papa en Cuatro Vientos y por los millones de espectadores, contagiados por la alegría y el fervor de una juventud entusiasmada en el seguimiento de Jesús. Sino porque el evangelio de hoy no se comprende si lo desconectamos con el que se proclamó ese domingo en todas las iglesias de la cristiandad, no solo en Cuatro Vientos: “Vosotros, ¿quién decís que soy yo? Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, contestamos con Pedro. Esa profesión de fe no proviene de nosotros, de nuestra inteligencia, de nuestra capacidad de comprender el misterio religioso. La pone en labios de Pedro y en los nuestros, el mismo Dios: “Te lo ha revelado mi Padre, nadie de carne y hueso”.
Y hoy vemos a Pedro, y nos vemos a nosotros mismos, sin duda, dejando hablar a Satanás en cuanto Jesús nos menciona la cruz: “No lo permita Dios; eso no puede pasarte”. De modo que tan fácilmente pasamos de ser altavoz de Dios a instrumentos de Satanás que habla, tentando, al propio Jesús.
¡Qué poco nos gusta la cruz, que queremos evitársela incluso al Señor cuando anuncia lo que le espera en Jerusalén! Le presentamos a Jesús la cuarta tentación después de las tres que sufrió en el desierto: “Pero ¿de qué hablas, Señor? No subas a Jerusalén y no te pasará nada malo”.
Pero la cruz no puede faltar en nuestra vida. Ha estado presente –ha recorrido el mundo- en los años de preparación de la JMJ. Y presidía la celebración de Cuatro Vientos, pienso que no como un adorno más, como un florero, sino como un recordatorio de lo que hoy nos ha dicho Jesús. “El que quiera venirse conmigo…que cargue con su cruz y me siga”… el que pierda la vida por mí… El es la Vida. Tu gracia vale más que la vida, hemos confesado con el salmo 62; buscar la vida por otros derroteros es perderla, derrocharla.
Para comprender este misterio de la cruz, tan a contrapelo de nuestras aspiraciones, hay que dejarse seducir como el profeta Jeremías. ¡Qué termino más fuerte para expresar la atracción de Dios a quien él llama!: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste”. En la línea de estas confesiones de Jeremías están las de Agustín de Hipona, (a quien celebramos hoy), de Francisco de Asís, de Ignacio de Loyola, de Teresa de Ávila, de Teresa Benedicta de la cruz… De todos los que, como Pablo, han confesado, de palabra y con la vida, que: “líbreme Dios de gloriarme sino es en la cruz de nuestro señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”.
La cruz hoy, en la vida de los jóvenes, en la vida de todos nosotros, puede hacernos protestar con el profeta: “Yo era el hazmerreír todo el día; todos se burlaban de mí…La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día”. Palabras de gran actualidad en la sociedad en que vivimos, tan hostil hacia los creyentes (También algunos se han burlado de los jóvenes estos días en Madrid). La tentación de no abrazarnos a la cruz es grande, para jóvenes y no tan jóvenes. La burla de los descreídos es hoy una cruz que es necesario cargar. Ya nos ha advertido san Pablo en la segunda lectura que “no nos ajustemos a este mundo, sino que nos transformemos por la renovación de la mente”.
Hermanos, pidamos al Señor que nos cambie la mentalidad, que nos seduzca, para poder seguirle con entusiasmo y decisión, con la cruz de cada día.
REFERENCIA A LAS CONCEPCIONISTAS….
Permitidme, antes de terminar, una referencia al motivo por el que Radio Nacional retransmite hoy la misa desde el monasterio de las concepcionistas de La Latina. Quinientos años de la aprobación de la Regla de la Orden de la Inmaculada Concepción son motivo de acción de gracias por los miles de mujeres que han seguido a Cristo dentro de la misma, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad, con perpetua clausura y a honra de la Concepción Inmaculada de María. Acción de gracias también por el plantel de este monasterio que ha vivido ininterrumpidamente los ideales promovidos por santa Beatriz y sancionados con este documento que regula “la forma de vida” de las concepcionistas. Les recuerdo lo que les decía el Ministro General de los franciscanos, P. José Rodríguez Carballo: “acoged esta Regla con renovado entusiasmo y con la firme voluntad de vivirla en el aquí y ahora de la historia personal de cada una de vosotras, y en el aquí y ahora del momento histórico que nos ha tocado vivir”.
Fr. Teodoro López
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