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Teodoro López, ofm
Jesús de Nazaret, gran observador, se fijaba en las cosas sencillas de la vida que le servían para explicar, en parábolas, lo inexplicable del Reino. “Se parece a un pellizco de levadura… al polvillo-semilla de mostaza…”
En el afán de aprender de él, un buen día, la observación de un gesto ecológico con pretensiones de proteger la naturaleza, me sirvió de parábola. En Tierra Santa acontece lo que con la retama que el ayuntamiento de Chipiona plantó en las escasas arenas, ribera de la playa, con la pretensión de que se conviertan en dunas…
Los cristianos en Tierra Santa son como arenas movedizas, fácilmente arrastrables por los vientos de la violencia, la inseguridad, el futuro sin futuro. Sufren la tentación de la huída. De hemorragia se ha calificado la emigración de los cristianos de todo el Oriente Medio y especialmente de Tierra Santa. Nos quedamos sin cristianos, si los pocos -175.000 entre seis millones de judíos y cuatro de musulmanes- se dejan arrastrar por los vientos del pesimismo. Hay que ayudarles a fijar las raíces en la tierra de sus orígenes. Y de los nuestros.
La Iglesia, a través de la Custodia franciscana, ha plantado un retamal. La construcción de viviendas, en especial para parejas jóvenes, es un freno a uno de los problemas más graves para la supervivencia del cristianismo. Las casas son la retama. Pueden fijar la planta, dar estabilidad, consolidar el grupo: las comunidades cristianas en torno a los Santos Lugares. “Si faltasen, se apagaría junto a éstos el calor de su testimonio viviente” presagiaba Pablo VI, tras su peregrinación memorable en 1964.
La Custodia de Tierra Santa es consciente de este problema y lleva casi cinco siglos cuidando el retamal.
Comenzó con la dominación otomana, cuando el cristiano no tenía derecho de propiedad. La Custodia era la compradora... Hoy viven dentro del recinto de las murallas de Jerusalén y cerca del Santo Sepulcro 392 familias en casas cuya propiedad detenta la Custodia.

Los acontecimientos de los años 1948 y 1967 dejaron Jerusalén con 12.000 de los 25.000 habitantes cristianos mientras los judíos han pasado de 84.000 a 600.000. Y los musulmanes de 40.000 a 200.000. Surgió el primer proyecto fuera de las murallas y nació Bet Hanina. Un barrio para 40 familias, dotado de instalaciones parroquiales, culturales y deportivas. (año 1970). En los años 80, los terrenos de la zona deportiva se sacrificaron para levantar otras 42 viviendas. Siguió la “casa de la Amistad” en Betania: 16 viviendas. Luego E-Ram con otras 18 (1990).
La terrible intifada del año jubilar y el dramático asedio de la basílica de la Natividad en Belén (año 2002) movieron a Juan Pablo II a un gesto profético. Su donativo de 65.000 $ “para la vivienda de una pareja de recién casados”, desató una ola de generosidad, que la Custodia ha canalizado en la construcción de tres barrios: del Niño Jesús (48 viviendas), de Santa Catalina (24), de San Francisco (20). (En Jerusalén se recuerda con agradecimiento que la Asociación Española de Amigos de Tierra Santa ha costeado dos; “los pastorinhos de Fátima, otro….)
Lo último en ese “plan de repoblación cristiana”. Tras 15 años de luchas por conseguir el permiso del gobierno israelí, los cinco de la construcción y otros cinco esperando que el ayuntamiento autorizase la acometida de agua y electricidad, se entregaron en septiembre del año pasado 68 viviendas en Betfagé, en la falda del Monte de los Olivos. Donde no había un cristiano, hoy el Santuario de las Palmas tiene una comunidad que le da sentido y el calor de su testimonio viviente”.
Se dice que para las casas de Betfagé se habían presentado 700 solicitudes. Sólo una de cada diez familias fue la agraciada.
“¿Esto qué es para tantos?” Se podrá preguntar alguien con la desilusión que precedió a la multiplicación de los panes.
El agua que la retama de Chipiona necesita para soportar la canícula veraniega –que a lo mejor no se le dio y ya se ha secado-, en Tierra Santa son las ayudas que nacen del amor cristiano. La Jornada por Tierra Santa, el día de Viernes Santo, invita a la colaboración para sostener el retamal que asegure la presencia de los cristianos en la tierra de Jesús.
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