Pablo, hablando a los fieles de Corinto, dice que los cristianos se reúnen para hacer memoria de Cristo muerto y resucitado por nosotros, y paraproclamar a los demás la esperanza de la venida del Señor (1Cor 12, 17-32).
Nos hemos reunido para recordar y orar por nuestro hermano Ignacio, muerto el 28 de julio, quien, como muy bien sabéis, ha sufrido tanto en estos largos años de enfermedad, un sufrimientoincreíble, “cuando el mal de Alzheimer lo dejó totalmente postrado, llegando a ser un crucifijo viviente, una hostia inmolada”, como lo ha descrito en lareseña necrológicade fr. Ignacio la Secretaría deTierra Santa. Estamos aquí porque creemos en la resurrección y porque nuestra Regla franciscana (3,4) y las Constituciones Generales de la Orden nos recomiendan que ”los frailes recen porsus hermanos difuntos” .
Yo, personalmente, me siento muy unido a Fr. Ignacio, porque los dos hemos nacido en la misma provincia, en Palencia, y pertenecemos a la misma Provincia Religiosa, la de Granada. Y sé que todos vosotros, hermanos y hermanas, también estáis unidos a él. ¡Qué hermoso es estar todos unidos!nos dice la Sagrada Escritura. Y esto se cumple precisamente en la Eucaristía, donde todos formamos una Comunión.
A pesar de esto, ante la muerte de un ser querido, todo se torna oscuro en nuestro camino, y a veces no entendemos nada. Esta situación se ha reflejado en la enfermedad de nuestro hermano. ¡Cuánto ha sufrido! ¿Merecía la pena esa forma de vivir? Y siempre surge la misma pregunta: ¿Por qué? Por eso nos dice el Concilio: “de cara a la muerte el enigma de la condición humana es lo máximo”. Son los mismos sentimientos que experimentó Cristo cuando "rompió a llorar"por su amigo Lázaro, y sobre todo Padre, si es posible pase de mí este cáliz" y en el Calvario: "Padre por qué me has abandonado". A veces no entendemos los caminos del Señor. ¿Por qué a unos la vida les resulta tan fácil y a otros, por el contrario, todo se les vuelve difícil y tortuoso, como le ha pasado aFray Ignacio? Su Profesión Religiosa, celebrada en el Calvario, el 29 de junio de 1958, fue como una señal de su identificación con Cristo y María en el Lugar del Dolor.
Como cristianos y franciscanos, no podemos encerrarnos en el dolor y vivir en las tinieblas; debemos tener una postura positiva ante la muerte. Por eso al cristiano no le está permitido desesperarse ante la muerte, "como los demás que no tienen esperanza", dice Pablo a los Tesalonicenses (1Tes 4, 13), porque esperamos una vida mejor que tendrá lugar después de la muerte. Lo decía el Apóstol a los Filipenses:"Pues para mí la vida es Cristo y la muerte,una ganancia" (Fil 1,21).Y podemos decir que, para nuestro hermano Ignacio, la muerte ha sido una liberación.
La muerte será una ganancia y una liberación si el cristiano "muere en el Señor":“dichosos los muertos que mueren en el Señor” (Ap 14,13), porque “ la vida de los que en Ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo” (Misal Romano, Prefacio de Difuntos, I). Y por todo esto se entiende que para los santos la muerte sea algo deseable, porque con ella se entra en la felicidad eterna, como dice Pablo: “Los sufrimientos del tiempo presente no son comparables a la gloria que ha de manifestarse en nosotros” (Rom 8, 18). Al final de nuestros caminos está Cristo, nuestro Camino y por eso también nuestra Verdad y nuestra Vida. He aquí nuestra Esperanza.
¿Dónde está la razón de nuestra esperanza? En el Sepulcro vacío de Cristo. "No está aquí. ¡ Ha resucitado!". Por esto creemos que resucitaremos, porque Cristo ha resucitado, resucitaremos a imagen de Cristo, como miembros del cuerpo resucitado de Cristo. Por eso decía Tertuliano: “La resurrección de los muertos es la fe de los cristianos: creyendo en ellasomos cristianos”. La resurrección se ha iniciado ya en nuestro bautismo y para nuestro hermano se ha incrementado en su profesión religiosa y con su ordenación sacerdotal, y se hace presente en la Eucaristía, que es “medicina de inmortalidad”. En estos sacramentos el cristiano recibe la garantía de participar en la resurrección de Cristo.
Nuestro hermano Fray Ignacio que se ha distinguido por su gran trabajo científico, por su amabilidad, por su disponibilidad a los superiores y, sobre todo,por aceptar su sufrimiento a imitación de Cristo, se ha preparado muy bien para el encuentro con el Señor en su muerte.
Sólo así la muerte, a pesar del dolor, tendrá sentido; y además, podremos cantar con San Francisco:Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal.