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P.- ¿Cómo ha sido el año 2009?
R.- Creo que ha sido aceptable, tirando a bueno, si tenemos en cuenta que la crisis ha entrado en todos los bolsillos. Ahora, comparado con 2008, que fue muy bueno, bajó cerca de un 30% en número de viajes y de peregrinos.
P.-¿Cuántos viajes has realizado?
R.- Yo he realizado este año 17 peregrinaciones, mientras que el año pasado llegué a los 20. Aunque muchos viajes de este año han sido más largos, con una duración de once días. Por ello la diferencia de días no ha sido mucha: si en 2008 estuve fuera de España 204 días, en 2009 sólo han sido 192 (¿)
P. Seguimos con la estadística… ¿y a qué destinos has viajado con más frecuencia?
R.-La mayoría de los viajes han sido a Tierra Santa, viaje de 8 días, y a Tierra Santa con Jordania, de 11 días. Y para cambiar un poco de aires, también he viajado a Turquía, a Grecia e Italia. Y en una ocasión hice el viaje llamado Ruta del Éxodo, que incluye el Bajo Egipto, Sinaí, Jordania y Tierra Santa, el viaje más largo, de catorce días.
P.- ¿Y qué número aproximado de peregrinos has acompañado?
R.- No he contado el número de peregrinos, pero a una media de 35 por cada grupo, nos sale casi unos 600 peregrinos, procedentes de toda España y también de algunos países hispanoamericanos.
P.- Entre tantos viajes, ciudades, aeropuertos, hoteles… habrá de todo, momentos buenos y peores, no?
R.- Los momentos buenos son muchos y, como son tantos, es difícil enumerarlos. Quizá uno de los momentos más hermosos es cuando celebramos la Eucaristía en Nazaret, en la gruta de la Anunciación. Ver cómo viven la fe algunos peregrinos, parece que están “viendo a la Virgen en su casita”.
Y entre los peores, es cuando en el Aeropuerto tengo que consolar, sin tener palabras para ello, al rehén de turno que nos lo apartan durante un par de horas los miembros de la seguridad israelí, para hacerle un registro o un interrogatorio tan detallado como excesivo y a veces, puede que humillante. Y cuando salen indignados del “calabozo”, ¿qué les dices? Son momentos difíciles que, después de varios días, se borran con las buenas experiencias posteriores.
P.- Tú también tuviste un percance serio, no?
R.- Los problemas vienen cuando Dios lo permite y no siempre en los momentos de mayor riesgo. Haciendo la Ruta Franciscana por Italia, estando de visita en Roma, me caí de espaldas desde el autobús estacionado, y con la puerta abierta “me fui al recreo”, como digo yo, y di con mis huesos en la acera y el resultado fue una brecha en la cabeza de unos 10 centímetros. Me dieron unos cuantos puntos y todo siguió adelante.
P.- Y todo sigue adelante, así es, pero tienes una historia pasada. ¿Cómo fue el dedicarte a ser Guía de peregrinos? ¿Desde cuándo tienes esta relación con Tierra Santa?
R.-Lo de ser Guía de Tierra Santa me viene de mi época de estudiante en Jerusalén, a principios de los años 70. Ya va para cuarenta años. Después he sido más de 30 años profesor en el Colegio San Antonio de Martos (Jaén). Pero siempre que podía, guiaba algún grupo en verano, aprovechando las vacaciones escolares. Y cuando en el verano de 2007, los superiores me relevaron del trabajo en el Colegio, no lo pensé dos veces. Yo no soy un fraile que se conforma con “mi misica y mi rosario”. Me dediqué de lleno a esta labor de Guía de peregrinos y en 30 meses he realizado 48 viajes, de los cuales 40 a Tierra Santa.
P.-¿En qué consiste este trabajo de Guía y cómo lo entiendes tú?
R.- Fundamentalmente, este trabajo consiste en contagiar a los peregrinos tu amor por los Santos Lugares. Para ello, hay que tener mucha paciencia y muchas ganas de comunicar lo que llevas dentro. También hay que sonreír ante las preguntas simples que a veces te hacen y dar a entender que esa pregunta es muy importante para no humillar al interlocutor. También hay que hacer entender que la peregrinación no es ni un viaje de turismo para divertirse, ni de investigación para aprenderlo todo. Tampoco son unos Ejercicios Espirituales, sino una peregrinación que tiene mucho de oración y, al mismo tiempo, mucho de formación y no menos de vivencia y de convivencia. Es una buena ocasión para practicar la virtud del acompañamiento, la solidaridad, la amistad y otras virtudes más, como la tolerancia.
P.-¿Aconsejas a otros franciscanos y sacerdotes a realizar este apostolado?
R.- No solo los aconsejo, sino que les doy ánimos y les hago ver la buena labor que se realiza en este campo de apostolado. En estos últimos años he logrado convencer tanto a religiosos como sacerdotes diocesanos, para que se dediquen a esta misión. Creo que ha sido también uno de los buenos momentos, cuando ves que uno al que has acompañado y enseñado a hacer de Guía, se suelta poco a poco y camina solo con su grupo de peregrinos.
P.- ¿Qué opinión te merece la labor del Centro Tierra Santa, de Madrid, en estos 30 años de trayectoria?
R.- El Centro Tierra Santa ha sido y es el referente para que los cristianos mantengan este amor a Tierra Santa. Además coordina las peregrinaciones que organizan los franciscanos en casi toda España, así como las reuniones de las ocho Comisarías de Tierra Santa que hay por toda la geografía hispana. Sin el Centro de la calle Mayor, 49, 3º el conocimiento de la Tierra Santa no habría sido el mismo en estos momentos.
Gracias por este tiempo que nos has dedicado y enhorabuena por este trabajo que tanto agradecen los peregrinos.
Entrevistó Manuel Crespo |