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 Peregrinación a Tierra Santa

 

 

 
Rosa Corazón peregrinó por segunda vez a Tierra Santa en febrero de 2015. Al volver, pensó: Esto lo tiene que conocer todo el mundo. Hay que ir a la tierra de Jesús. Y como ninguno de mis compañeros [canonistas y juristas] había organizado nunca una peregrinación, me decidí yo a hacerla», explica Rosa. Partirán a Tierra Santa y Jordania el 11 de octubre de 2015

 

«Es el viaje de la Vida. Y el que ha ido, quiere volver». Esta no es sólo una frase que aparece en el folleto de la próxima peregrinación a Tierra Santa, que también, es, además, lo que vivió Rosa Corazón, que tras un primer viaje a la tierra del Señor siempre tuvo claro que iba a volver, y lo hizo en febrero de 2015. Rosa lleva muchos años de especialidad en nulidades matrimoniales ante tribunales de la Iglesia de toda España. En su día a día se desenvuelve entre Canonistas y Juristas. Fue en ellos en quién pensó al volver de su segunda peregrinación. «Pensé: Esto lo tiene que conocer todo el mundo. Hay que ir a la Tierra de Jesús. Y como ninguno de mis compañeros había organizado nunca una peregrinación, me decidí yo a hacerla», explica Rosa. Aunque aclara que «a la peregrinación puede ir todo el que quiera». Dicho y hecho. Rosa visitó el centro de Tierra Santa de Madrid y «organizamos la peregrinación para Canonistas y otros Juristas, amigos y familiares. Está abierta a todos», explica. La expedición partirá el 11 de octubre y, durante 10 días, recorrerá Tierra Santa y Jordania.

 

Lo harán acompañados por los Franciscanos, custodios de los Santos Lugares desde el año 1342. Nazaret, Belén, Jerusalén, Caná, Emaús, Betania, Jericó, el Mar de Galilea, los peregrinos «pisarán la tierra que pisó el hijo de Dios hecho hombre, respirarán su aire, verán el mismo agua que Él vio. Incluso comerán el famoso pez de san Pedro, capturado en las aguas del Mar de Galilea», explica Corazón. Durante la peregrinación también habrá tiempo para visitar parte de la riqueza natural, cultural y social de la zona. Por ejemplo, el 14 de octubre, los peregrinos visitarán las excavaciones del monasterio Esenio de Qumram y verán una panorámica de las cuevas donde se encontraron los Pergaminos del Mar Muerto. Posteriormente, visitarán el Mar Muerto, el lugar más bajo de la tierra, donde, incluso, se podrán bañar. El viaje también es una «peregrinación interior. Hay que ir preparado interiormente.

 

Es muy bueno ir con el evangelio, habiéndoselo leído, para saber lo que pasó en todos los lugares que uno va a visitar. Cuanto mejor sea la preparación interior y previa, mejor irá la peregrinación», asegura Rosa. Ayuda a los habitantes de Tierra Santa   También la peregrinación es una ayuda para las personas que viven en Tierra Santa, sobre todo para los cristianos, que no tienen otros medios para subsistir, y lo hacen, en gran medida, gracias a las peregrinaciones. «No se puede pedir más. He metido la mano donde fue clavada la cruz, la salvación del mundo. Es increíble. Hay que ir con fe pero también se puede ir para pedir que aumente la fe. Y una vez llegas a España, es muy recomendable seguir con el camino de fe que se inició en Tierra Santa», concluye Corazón. Más información y inscripciones: Centro de Tierra Santa. Delegación para España de la Custodia de Tierra Santa – Padres Franciscanos. Calle Mayor, 49-3º- 28.013 Madrid. Tel.: 91 541 28 77.    

«Pisarán la tierra que pisó el hijo de Dios hecho hombre»
 
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PEREGRINACIONES CON LOS FRANCISCANOS 2015 PDF Imprimir E-mail
Actividades del CTS

Programación de Peregrinaciones

a Tierra Santa con los PP. Franciscanos para todo el año 2015.

 

 

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EL MARTIRIO DE LOS FRANCISCANOS EN TIERRA SANTA PDF Imprimir E-mail
Amigos de Tierra Santa

Noticia digital (23-VII-2014)  ALFA Y OMEGA

La vida para los franciscanos en la Tierra Santa ha tenido, a lo largo de los siglos, un carácter martirial. Todo empezó en 1244, cuando la tribu de los jorezmitas invadió Jerusalén. Se calcula que, entre franciscanos y cristianos, unos 5.000. Fue el inicio de «nuestra vía dolorosa», explica el padre Artemio Vítores, ex vice Custodio,  en un artículo publicado en la revista Tierra Santa. Este camino del Calvario continuó durante el siglo XIV, cuando todos los conventos que existían en lugares como Arsuf, Jafa, Trípoli, Belén o Nazaret «fueron destruidos, y los franciscanos que vivían en ellos, martirizados tras horribles sufrimientos».

Pero, según explica fray Artemio, quizá el momento más «difícil para los hijos de san Francisco fue la llegada de los turcos en 1517. Baste recordar la crueldad de Solimán el Magnífico, que encarceló a los frailes del Santo Sepulcro, de Belén y del Monte Sión durante 38 meses. Algunos murieron de hambre, confesando su amor a la Tierra Santa». Es difícil dar una cifra exacta de los franciscanos mártires. Muchos «no llegaron al martirio en el estricto sentido de la palabra, pero eran apaleados, azotados, insultados, encarcelados… y tenían como consecuencia una muerte atroz». Por ejemplo, en 1926 fueron beatificados fray Manuel Ruiz y compañeros, mártires de Bab Tuma, en Damasco. Allí, en 1860, siete españoles y un austríaco fueron martirizados por los drusos. En 1982 fueron beatificados fray Salvatore Lilli y otros compañeros, que murieron en Armenia en 1895 y 1920 durante el genocidio. «Todos estos franciscanos mártires han seguido a Cristo acompañándolo en su camino hacia el Calvario por amor y la salvación de todos los hombres. Ellos murieron sabiéndose amados pro Cristo, murieron amando a quienes los odiaban, perdonando a quienes los mataban. Imitando así a Jesús su Señor y a san Francisco», señala el padre Artemio.

Esto sin contar los miles de hijos de san Francisco que murieron asistiendo a los apestados Según el padre Agustín Arce, en su artículo Los francisanos de Tierra Santa y la peste en Egipto, Palestina y Siriadesde 1643 a 1883 murieron un total de 1543 franciscanos víctimas de la peste y de otras enfermedades, como signo de su caridad hacia el prójimo.

El padre Carlos  Cecchitelli, Custodio de Tierra Santa en los años 90, decía que la suya «es una vocación sublime, aunque difícil, profética y martirial». Algo que también los Papas han puesto de manifiesto a lo largo de los siglos. Lo escribiría san Juan Pablo II en su carta al padre Schalück, ministro general de la Orden, en 1992: «De este modo han profesado su fe y esperanza, con un testimonio que ha llegado no pocas veces al derramamiento de sangre en el martirio».

C.S. A. 

 
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