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Documentación sobre Tierra Santa

Asentada sobre una serie de colinas, derivaciones del macizo de Judea, Jerusalén se eleva a unos 750 m sobre el nivel del Mediterráneo. Aunque la mayor parte de la ciudad está hoy edificada sobre la meseta noroeste, sin embargo, la Jerusalén antigua descansa sobre dos largas colinas paralelas de norte a sur, separadas entre sí por el valle del Tiropeón, hoy apenas perceptible, que, arrancando de la Puerta de Damasco y descendiento hasta la piscina de Siloé, dividía a la ciudad en dos: Ciudad Alta y Ciudad Baja. Dos profundos valles la separan de los montes circundantes, el Cedrón o de Josafat al este, y el Hinnón (Gehenna) al sudoeste, que la convirtieron en siglos pasados en una verdadera fortaleza inexpugnable. Únicamente por el norte, donde la ciudad presenta un nivel casi igual al nivel de extra-muros, fue siempre el punto vulnerable en las invasiones enemigas.

La ciudad actual presenta dos núcleos urbanos bien distintos: el moderno, mucho más numeroso, fuera de las murallas -construidas por Solimán el Magnífico entre los 1540-42-, y el antiguo (Ciudad Vieja), dentro de las murallas. La ciudad vieja se comunica con la nueva por siete puertas abiertas en las murallas: al oeste la Puerta de Jafa; al sur la Puerta de David o Sión y Puerta de los Mogrebinos; al este la Puerta de S. Esteban; al norte la Puerta de Heredes, Puerta de Damasco y Puerta Nueva. La Puerta Dorada, al este, cerrada desde 1530, forma parte de la Explanada del Templo.

Los primeros habitantes de Jerusalén fueron nómadas y pastores que vivían en las grutas junto a la fuente de Gihón, (Fuente de la Virgen) y la colina del Ofel. Ocupado el lugar por los cananeos, una rama de estos, los jebuseos, se mantuvieron hasta David (1000 a. C). Su nombre primitivo fue “Urusalml” o "Urusalem" (fundación [del dios] Salem), como atestiguan documentos (Cartas de el-Amama, 1400 a. C). Conquistada por David empezó a llamarse Ciudad de David, y fue la capital política y religiosa del reino. Salomón extendió la ciudad al norte, a la colina del Moría, donde construyó el primer Templo, unió las dos partes de la ciudad con un terraplén (Milo) y la ciñó con un muro (primer muro). En esta época la ciudad llegó a su máximo esplendor. Al acercarse el rey de Asiría, Sennaquerib (hacia el 700 a. C), Ezequías la reforzó con otro muro, el segundo, al norte del primero. El año 687 Nabucodonosor ocupó la ciudad, destruyó el Templo y deportó a sus habitantes (Esclavitud de Babilonia). En 538 terminó el exilio: Zorobabel reconstruyó el Templo (segundo Templo) y Nehemías la ciudad y sus murallas. En los siglos que siguieron, Jerusalén pasó, sucesivamente, al dominio de Alejandro Magno (332), de los Tolomeos de Egipto y luego al de los Seleúcidas de Siria. Los Macabeos sacudieron el yugo, pero las discordias fraternas provocan la intervención de Roma y Pompeyo toma por asalto la ciudad (63). En el 40, los romanos nombraron rey al idumeo Herodes, llamado el Grande, que transformó la ciudad dándola un carácter greco-romano; reconstruyó el Templo, erigió un suntuoso palacio real flanqueado por tres torres y restauró la fortaleza asmonea que llamó Antonia. Su sobrino. Herodes Agripa, construyó otro muro de cinta (año 44), quedando dentro, esta vez, las colinas de Bezetha y Gweb. En ésta última se encuentran el Sto. Sepulcro y el Calvario (tercer muro). Vespasiano y Tito destruyeron la ciudad y el Templo (año 70), y sobre sus ruinas, Adriano, vencida la revuelta de Bar Kokheba (132-35), levantó una nueva ciudad con el nombre de Aelia Capitalina. Con la venida de Constantino, la historia de la ciudad se confunde con la de la misma Palestina.

Jerusalén es la Ciudad Santa por excelencia. Santa para los árabes que así la llaman (el-Quds =la Santa), santa para los judíos, para quienes Jerusalén aparece como la síntesis de todas sus glorias pasadas; y santa de un modo especial para los cristianos porque fue la ciudad donde el Hijo de Dios murió y resucitó por nosotros, y todo en ella, hasta la última piedra, nos habla del amor infinito de Cristo.

El emperador Adriano, para hacer desaparecer toda traza de culto cristiano, mandó construir sobre el Calvario y Santo Sepulcro una vasta explanada sobre la cual levantó las estatuas de Venus y Júpiter. Santa Elena, madre de Constantino, hizo descombrar la explana da y, al momento, el lugar apareció en su primitiva realidad. En 335 fue inaugurada la maravillosa basílica constantiniana. Precedida de un atrio, al aire libre, tenía una longitud de 132 m por 32 de anchura,  y constaba de tres partes: Martyrium, Calvario y Anástasis =Resurrección). El Martyrium estaba construido sobre la cripta de la Invención de la Cruz; dentro del atrio se encontraba el Calvario, en el cual se levantaba una cruz al aire libre; el Anastasia cubría la tumba del Señor. Este hermoso edificio, llamado el Santo Sepulcro, fue destruido durante la invasión persa de Cósroes (614). Modesto, abad de S. Teodosio y patriarca de Jerusalén, emprendió la restauración. En 1009, el califa Hakem lo destruyó completamente.

   En 1048, el patriarca Nicéforo pudo restaurar de nuevo el Anástasis. Con la venida de los cruzados estos edificaron el grandioso monumento que, a pesar de las adiciones y reparaciones deplorables de los griegos después del incendio de 1808—, subsiste todavía en sus líneas fundamentales. Hoy día se encuentra en un estado lamentable, pero el Statu quo hace casi imposible toda restauración. Últimamente y desde 1960, previo acuerdo de las tres principales comunidades representadas en el Santo Sepulcro, los latinos (franciscanos), griegos y armenios, se están realizando trabajos de restauración.

La fachada es la parte que mejor se conserva del edificio cruzado. Dentro ya de la Basílica nos encontramos, en primer lugar, con la Piedra de la unción donde, según la tradición, Cristo habría sido embalsamado. A la derecha, una escalinata conduce al Calvario. En el centro de la vasta rotonda (Anastasia) está el Santo Sepulcro, formado por la llamada Capilla del Ángel y la cámara funeraria. Detrás del coro de los griegos, por una escalinata se desciende a la Cripta de la Invención de la Cruz. En la capilla franciscana de la Aparición, se muestra un trozo de la Columna de la Flagelación. Hay otras varias capillas conmemorativas de la Pasión.

Casi enfrente de la fachada del Santo Sepulcro está el Muristán, palabra árabe que significa hospital: alude a los centros hospitalarios -Hospital de S. Juan, cuna de los caballeros de S. Juan u Hospitalarios- en que se alojaban los peregrinos. El Hospicio ruso de Alejandro, donde se conserva uno de los arcos del foro de Adriano y el umbral de una puerta, tal vez, del segundo muro de Jerusalén. Son visibles también dos propileos que precedían la entrada de la basílica constantiniana. Cerca de la puerta de S. Esteban se encuentran la iglesia de Sta. Ana (lugar tradicional de la natividad de la Virgen), uno de los monumentos cruzados mejor conservados, y la Piscina Probática (curación del paralítico, Jn 5). Saliendo de Sta. Ana hacia la ciudad, se encuentra el Pretorio. La parte izquierda está ocupada por una escuela gubernativa, y la derecha por el "Studium Bibticum Franciscanum" de la Flagelación. Aquí surgía la Torre Antonia donde Cristo fue juzgado y condenado a muerte (Jn 18, 25; 19, 16). Hay que notar la capilla medieval de la Flagelación, restaurada por los franciscanos en 1927, y a unos pasos la capilla de la Condenación que encierra parte del pavimento del Litóstrotos. Sobre la calle se ve el arco romano llamado del Ecce Homo, construido por Adriano y que constituía la parte central de la puerta, oriental de Aelia Capitolina. Un trozo de este arco está encastrado en la Basílica del Ecce Homo contigua al convento de las Religiosas de Sión, en cuyos subterráneos se conserva la mayor parte del Litóstrotos (=empedrado). -En el Pretorio, en lo que hoy es escuela musulmana, empieza el Via Crucis, practicado  todos los viernes a las tres de la tarde- y continúa por la Via Dolorosa hasta el Santo Sepulcro.

La Explanada del Templo, en el extremo sudeste de la ciudad, está construida sobre el monte Moria. Es de forma trapezoidal cuyos lados oriental-occidental miden 462 x 49 m, y el meridional-septentrional 281 x 310 m. Sobre la roca que recuerda el sacrificio de Abraham (Gn 22, 2) Salomón erigió el primer Templo (969) que reconstruido por Zorobabel primero (616) y más tarde por Herodes, fue destruido definitivamente el año 70. Bar Kokheba (132) y luego Juliano el Apóstata intentaron inútilmente reconstruirlo. Sobre la gran explanada se alza la Mezquita de Omar, construida por arquitectos bizantinos (688-692) y llamada así en honor del conquistador de la ciudad, el califa Ornar (638). Los cruzados (1099) la transformaron en iglesia con el nombre de Templum Domini, pero con la victoria de Saladino, 1187, el santuario volvió a los musulmanes, y desde entonces la poseen sin interrupción. En forma octogonal, decorada dentro y fuera de forma primorosa, es uno de los monumentos más sugestivos del mundo. En la extremidad meridional de la explanada está la mezquita de El-Aqsa  (="Ia lejana"), con relación a la Meca), de forma basilical a siete naves (90 x 60 m). El modesto edificio que ya existía al tiempo de Ornar, fue ampliado en el s. VIII y sirvió más tarde de residencia real durante los cruzados. Aquí nació la Orden de los Templarios. El ángulo sudeste de la explanada es el llamado Pináculo del Templo, que nos recuerda la segunda tentación de Jesús (Mt 4, 5-7). En el muro de la explanada, en frente del monte de los Olivos, está la Puerta Dorada, por donde se dice que Jesús hizo su entrada triunfal a Jerusalén el Domingo de Ramos. Con el nombre de Muro del Llanto se designa corrientemente el resto del muro que ceñía por la parte occidental (de aquí que los judíos le llamen Ha-Kótel Ha-ma’aravi =muro occidental) la explanada del Templo. Durante siglos los judíos se han reunido aquí para evocar con añoranza las glorias pasadas. Después de casi dos mil años, junio 1967, los judíos han vuelto a ser dueños del mismo. Cerca de la Puerta de Jafa está la Ciudadela, vulgarmente conocida por Torre de David. Construida por Herodes el Grande, tenía tres torres: Hippicus, Fasaelis y Mariamne. Como era al mismo tiempo palacio, en él recibió Herodes a los Magos que vinieron a  informarse del nacimiento del Niño Jesús. Muy cerca de aquí está la iglesia de Santiago el Mayor, centro del patriarcado armenio-ortodoxo, construida en los siglos XI-XII, donde se venera la degollación del Apóstol patrón de España. Cerca de esta iglesia, pero fuera de las murallas, está el Cenáculo, uno de los lugares santos más auténticos. Su origen se remonta a los tiempos apostólicos. Fue el primer templo cristiano: "Madre de todas las iglesias", como es llamado en documentos bizantinos. Ya en los primeros siglos se dio el nombre de "pequeña iglesia de Dios" a la sala superior donde fue instituida la Eucaristía y descendió el Espíritu Santo. En los siglos IV y V fue incluida en una grandiosa basílica, a cinco naves, que se llamó "la Santa de Sión". Destruida por los persas, fue reedificada por los cruzados. Gracias a los reales de Nápoles, Roberto y Sancha, el Cenáculo fue dado a los franciscanos (1335). Expulsados estos por los musulmanes en 1551, el lugar fue convertido en mezquita, y los judíos, que lo ocuparon en 1948, han transformado la sala inferior en sinagoga. Junto al Cenáculo está el santuario de la Dormición. La tradición coloca aquí la casa de s. Juan, a quien fue confiada la Virgen. La iglesia está confiada a losPadres benedictinos. En las laderas del monte Sión está la iglesia del Gallicantus donde se han descubiertos importantes restos de época romano-bizantina. Junto a ella la interesantísima escalera de época romana por donde, muy probablemente, pasaría Jesús cuando del Cenáculo fue a Getsemaní. Más abajo está la Piscina de Siloé, donde fue curado el ciego de nacimiento (Jn 9); pueden verse todavía las ruinas de una iglesia del s. V dedicada al "Salvador Iluminador". Al sudoeste de las actuales murallas está el Valle de Hinnón (Gehenna), donde se quemaban las basuras de la ciudad y vino a ser símbolo del infierno (Mt 26,57). El Hacéldama (=campo  de sangre) donde, según la tradición, se ahorcó Judas. Al este y subiendo por el torrente Cedrón, en el Valle de  Josafat, encontramos varias tumbas funerarias: Josafat, Absalón, Santiago y Zacarías. Pasada la carretera tenemos Getsemaní. Dentro de un recinto amurallado se hallan la magnifica Basílica de la Agonía y el florido jardín, con sus corpulentos y añosos olivos. La actual basílica, construida por el arquitecto A. Barluzzi, se levanta sobre las ruinas de otra del s. IV, destruida por los persas. Muy cerca está la Gruta de Getsemaní, donde el Señor se retiraba a orar. Junto a ésta el Sepulcro de la Virgen, donde ya en el s. V existía una iglesia. La actual cripta, escalinata y fachada es obra de los cruzados. Encima de Getsemaní se levanta la capilla del Dominus Flevit, que nos recuerda el llanto de Jesús sobre Jerusalén (Lc 19). Saliendo de la ciudad por la Puerta de Damasco, -estupendo ejemplar de arquitectura del s. XVI-, a unos centenares de metros tenemos el convento de los Padres dominicos que regentan la reputadísima Escuela Bíblica francesa. La