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Galilea comprende la región más septentrional de Palestina. Limita al norte con el curso del río Litani (Nahr el-Qasimiyeh); al este está limitada por el curso alto del Jordán y los lagos de Huleh y Genesaret; al sur por la cadena montañosa judeo-samaritana y al oeste por el Mar Mediterráneo. Desde el punto de vista geográfico, aparece dividida en dos grandes zonas: la Alta Galilea y la Baja Galilea, separadas por una línea que va de Acre hasta el punto septentrional del lago de Tiberíades.
En la Alta Galilea el relieve es abrupto y cortado, con alturas que superan los 1000 metros (Sarmaq, 1208; G. el 'Arus, 1071; 'Adatir, 1006).
La Baja Galilea se caracteriza, por el contrario, por una serie de colinas de suave pendiente, cada vez de menor altura según se baja hacia el sur, y que no sobrepasan nunca los 600 metros. Al sur del valle que señala los confines entre las dos Galileas, tenemos un primer grupo de montañas: Gebel Kammana (558m) y Gebel Hezzur (584). Más al sur una segunda cadena con Gebel Turban (548m) y una cuarta, de cierta consistencia, con el punto más elevado en Gebel es-Sih (560m). En la llanura de Esdrelón se eleva solitario e imponente el Monte Tabor (Gebel et-Tur, 588m). Más al sur encontramos un pequeño sistema de evidentes caraterísticas volcánicas, el Pequeño Hermón, con su punto más elevado en Gebel Nebí Dahi (515m). Al sudeste se alzan los Montes de Gelboé, en donde pereció Saúl (1 Sam 31), y cuya muerte inspiró a David versos elegiacos: "¡Montes de Gelboé! No caiga sobre vosotros ni rocío ni lluvia, ni seáis campos de primicias, porque allí fue abatido el escudo de los héroes, el escudo de Saúl, como si no fuera ungido con el óleo" (2 Sam 1, 21). Todo este grupo de colinas redondas que descienden en suaves declives, están separadas por valles más o menos profundos y por llanuras de labranza, algunas muy fértiles, como la Battof y la de Esdrelón. Al oeste, las colinas van descendiendo gradualmente hasta desaparecer, mientras que al este, pasada la línea divisoria de aguas, descienden en pendientes precipitadas a la depresión jordánica.
Las dos Galileas tienen, sin embargo, características fundamentales comunes, dada la estrecha conexión con el norte que influye en las precipitaciones y en la falda acuífera de toda la región. Cada aldea tiene su fuente, alguna de caudal considerable; Ras el'Ain, Gahula y las de Tabga, a orillas del lago de Tiberíades. No faltan las aguas termales y minerales: son famosas las aguas sulfurosas, recomendadas contra el reumatismo, de El-Hamman, cuya temperatura se eleva a 65°C. Los cursos de agua, en general estacionales, originan copiosos manantiales que, a su vez, son alimentados por estos. Los principales son: Nahr el-Qasimiyeh, que recoge todas las aguas de la vertiente norte, y Nahr el-Muqatta (el bíblico Cisón) que atraviesa en toda su longitud la llanura de Esdrelón. Se encuentran también en Galilea el pequeño Lago de Huleh (hoy día casi desaparecido) y el célebre Lago de Genesaret o de Tiberíades. Es digna de nota Ein Harod o Fuente de Gedeón, cuyas aguas van a parar, pasando por la ciudad de Beisán, al río Jordán. En sus contornos acampó Gedeón con sus tropas y dio la batalla a los madiianitas situados al norte de las colinas del Moreh, en el valle (Jue 7).
La primera referencia histórica a Galilea la tenemos en la Biblia cuando Josué, derrotada la coalición cananea en las Aguas de Merom (Jos 11, 5-9), se apoderó de la región que, en la asamblea de Silo, fue atribuida a cuatro tribus, y más tarde una quinta tribu trató de establecerse definitivamente, fundando la ciudad de Dan.
La misma naturaleza montañosa de Galilea ofreció la más eficaz "ciudad de refugio" en Qades (Jos 20, 7), y facilitó resistencias encarnizadas, como las sostenidas contra los romanos en los años 47 a.C. y 67 d.C. Algunas de sus montañas fueron testigos de batallas decisivas. El Tabor fue una posición clave en el ataque de Baraq contra Sisara (Jue 4, 6 ss.), y fue siempre una meta necesaria para los conquistadores, desde Antíoco III (218 A.C.) hasta Saladino II (78 D.C.). El Monte Dahi, a la entrada de Beisán, ofreció un magnífico punto de apoyo a los madianitas (Jue 7, 1) y a los filisteos (1 Sam 28, 1 ss.). Los Templarios construyeron la fortaleza de el-Fule. En Kurum Hattín(=cuernos de Hatin), en 1187, Saladino derrotó completamente a los cruzados, acabando con el reino latino de Palestina. En el inexpugnable castillo de Monfort los últimos cruzados resistieron todavía durante casi cien años. Otro recuerdo cruzado son las imponentes ruinas de la fortaleza de Belvoir (Kaucab el-Hawa), grandioso mirador que domina el valle del Jordán. La extensa y rica llanura de Esdrelón tuvo asimismo una grandísima importancia en la historia antigua y moderna, pues por ella pasaba la principal vía comercial y militar que comunicaba a Egipto con Siria y Mesopotamia. De ahí que encontremos en los puntos más estratégicos las grandes fortalezas de Megiddo al oeste, de Beisan al este y de Ta'anak al centro.
Megiddo, surgida en el V milenio, alcanzó su máximo esplendor como plaza fuerte egipcia en la época de El-Amarna. Tuvo su autonomía como ciudad cananea y fue conquistada por Josué (Jos 17, 11). Salomón la convirtió en fortaleza de primera categoría, y a él se deben las poderosas fortificaciones descubiertas en las excavaciones. En sus inmediaciones cayó el rey Josías cuando trató de reivindicar la herencia de Salomón contra el faraón Nekao (2 Re 23, 29). Beisán, por su importancia topográfica y estratégica en el paso de Megiddo al Eúfrates, fue disputada entre los conquistadores. Conquistada por los egipcios, recobró más tarde su independencia, pero pronto fue vasalla de los filisteos quienes, asimismo, la perdieron pasando a poder de los israelitas, y terminó por formar parte del reino salomónico con otras ciudades cananeas (1 Re 4, 12). Con el nombre de Scitópolis fue durante mucho tiempo un elemento importante de la historia palestina en la época helenística y más tarde en la bizantino-cristiana. La ciudad cananea de Ta'anak servía de enlace o paso a la llanura de Sarón y al Cisón. Aparece en los textos egipcios, a partir de Tutmosis III, como adversa a las influencias faraónicas, y resistió por largo tiempo a la invasión israelita (Jos 12, 21) antes de formar parte de la tribu de Manases y entrar en los cuadros de la administración salomónica.
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