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Documentación sobre Tierra Santa

      El Valle de Jericó es el último tramo de este singular fenómeno terrestre, único en el globo, conocido por depresión del Jordán. En el período pliocénico, última fase de  la era terciaria, movimientos orogénicos produjeron un hundimiento del terreno en la llanura sirio-arábica, originando una depresión que comienza en Antioquía (Siria) y termina en el Mar Rojo.

      Nuevos movimientos telúricos en el cuaternario, y más tarde también en el período diluvial, completaron la ruptura, ayudada por el derretimiento de las nieves que, al llenarse dicha ruptura de agua, tomó el aspecto de un inmenso lago. Al retirarse las aguas en tiempos más recientes, quedaron tres lagos (Huleh, Tiberíades, Mar Muerto), que se comunican a través del río Jordán. La depresión correspondiente a Palestina -desde el pie del Hermón hasta el Mar Muerto- mide unos 200 kms de largo, y en su parte más ancha, enfrente de Jericó, tiene unos 20 kms.

      El último tramo de esta inmensa grieta, que comienza en la desembocadura del Wadi Far'ah en el Jordán, al occidente, y del Nahr ez-Zerqa al oriente, y termina con la orilla septentrional del Mar Muerto, constituye, propiamente hablando, el Valle o Llanura de Jericó, dividido en tres zonas: el Zor, regado por el Jordán; el Qattcvra, cúmulos cretáceos, residuos sedimentarios del antiguo lago y de los desbordamientos del río; el Ghor o valle propiamente dicho, en el cual el terreno es muy fértil.

      El valle conocido antiguamente con el nombre de Arabah, fue también designado con otros términos que indicaban una región cuyos límites eran más o menos circulares: Kikkar Hayyarden, Perichoros, Circuitus. Los árabes la llaman el-Ghor y el puente que atraviesa el Jordán Gisr el-Ghoraniyeh (Puente Allenby). El valle de Jericó está lleno de recuerdos bíblicos y profanos. Lot habitó en él y fijó su residencia en Sodoma, que Abraham intentó inútilmente salvar junto con las otras ciudades de la Pentápolis (Gn 13; 18, 16-19). No está claro en la Biblia la localización de la Pentápolis: unas veces parece que hay que ponerla en la región septentrional de Mar Muerto, y otras en la región meridional del mismo. Estudios recientes, exegéticos y arqueológicos, la fijan, definitivamente, al sur del Mar Muerto, donde la toponomástica local ha conservado el lugar tradicional en Gebel Usdum (Sudun). Los israelitas llegados a la vista de la Tierra Prometida, después de haber pasado tanto tiempo en el desierto, acamparon en los Campos de Moab, región situada al otro lado del Jordán, entre la carretera Jericó-Ammán y la orilla septentrional del Mar Muerto. Aquí se detuvieron entre las ciudades de Beth Yesimot (Tell el-Udheimi), al sur, y Abel has-Sittim (Tell Kefrein) al norte (Núm 33, 49). Moisés, entre tanto, subió al Monte Nebó, donde murió (Dt 34). La Custodia Franciscana de Tierra Santa ha realizado en este célebre monte excavaciones muy interesantes.

      El paso del Jordán se hizo "frente a Jericó", bajo el mando de Josué (Jos 3,16). La tradición judía y cristiana ha elegido, entre los cuatro vados posibles, el sitio llamado Qasr el-Yehud (castillo de los judíos). En el siglo II el nombre de Bethabara (=lugar del paso) parece transmitir toponomásticamente  el recuerdo del acontecimiento. En la tradición más antigua no se hace mención de construcción alguna; en el s. VI se tiene noticia de una iglesia construida por el emperador Anastasio (491-518). La iglesia estaba dedicada a s. Juan Bautista. El monasterio es llamado hoy día Deir Mar Yuhanna; los griegos ortodoxos le llaman Pródromos. El Jordán conserva, asimismo, el recuerdo del Bautismo de Cristo (Mt 3,13-17). Es difícil determinar con precisión en qué punto tuvo lugar; el testimonio de los peregrinos (5 millas al norte del Mar Muerto) nos lleva al mencionado lugar del paso de los israelitas. Los franciscanos han erigido dos capillas a orillas del río. Desde el monasterio de s. Juan se divisa Wadi Kharrar, en el cual se señala una pequeña altura como el lugar en que el profeta Elías fue raptado al cielo. Los bizantinos llamaron al lugar Armona. Continuando hacia las fuentes del wadi se ven los restos de algunas construcciones bizantinas y una gruta llamada Safsafah, que algunos identifican con la Betania "allende el Jordán" (Jn 1, 28); otros, sin embargo, la colocan en Tell et-Tawil o Gharaba, a 3 kms del Jordán, en la carretera Jericó-es-Salt. Es también visible desde el monasterio de s. Juan el oasis de 'Ain Hagla (= fuente de las perdices), la antigua Beth Hogla que señalaba el confín entre las tribus de Judá y Benjamín. El monastrio griego Qasr Hagla, más al sudeste, recuerda la célebre laura de s. Gerásimo. Un añoso tamarindo, a mitad camino entre Jerioó y el Jordán, da el nombre al lugar, Khirbet el-Netéleh, identificado con Cálgala, donde los israelitas, una vez pasado el Jordán, acamparon por vez primera, y erigieron un altar con las 12 piedras que habían cogido del río. Excavaciones realizadas en 1950 han descubierto restos de una iglesia.

      Al norte de la actual Jericó está la fuente llamada 'Ain es-Sultán, donde existía una iglesia del s. V-VI, construida en memoria del profeta Elíseo que había saneado las aguas de la fuente (2 Re 2,19-22). Al occidente de la fuente está Tell-es-Sultán, que corresponde a la Jericó conquistada por Josué. Una reciente campaña arqueológica, 1952-53, ha revelado la existencia de la ciudad de Jericó en el período neolítico: 5000-4000 a.C. Últimamente (1956) se ha descubierto la más antigua ciudad organizada del mundo: 6000-7000 años a. de Cristo. La ciudad, reconstruida después del destierro (1 Esd 2, 34), tuvo su centro durante el período romano, en la desembocadura del Wadi el-Qelt, junto a la actual aldea de Aqabeh Gaber. Heredes el Grande la embelleció con palacios, jardines y albercas; en Birket Musa hizo ahogar a su cuñado Artistóbulo. En 325 era sede episcopal, y en los siglos VI-VII estaba cubierta de monasterios. Devastada por las tropas de Cósroes (614), la ciudad empezó a decaer y en el s. XII no era más que un cúmulo de ruinas. Los cruzados fundaron una nueva ciudad al este de las dos primeras, en el lugar de la actual ciudad.

      Casi enfrente de la Jericó de Josué se alza el Monte de la Cuarentena donde, según una tradición, Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches y fue tentado por Satanás (Mt 4). Hacia la mitad de la montaña, apoyado sobre enormes barrancales, existe un monasterio griego-ortodoxo; en la cima de la montaña pueden verse ruinas de una antigua iglesia. El Señor pasó por Jericó diversas veces y se recuerdan dos hechos importantes: la curación de dos ciegos (Mt 20, 29-34; Mc 10, 46-52; Lc 18, 35-43), que viene colocada a la salida de W. el-Qelt, en Beit Gaber et-Tahtani, y la conversión de Zaqueo (Lc 19, 1-10). Alrededor del convento franciscano de Jericó pueden admirarse dos o tres imponentes sicómoros.

      En la orilla occidental del Mar Muerto son dignas de mención las ruinas del gran centro de la secta de los Esenios: Qumrán. Las excavaciones e investigaciones de los últimos años han descubierto el principal monasterio de la secta. Aquí se han hallado los famosos "manuscritos del Mar Muerto".

      En Khirbet el-Mafger importantes ruinas de un suntuoso palacio de la época de los Omeyas, que servía de residencia invernal del califa. Saladino hizo algunas restauraciones en el s. XII. Es maravilloso el mosaico de una de las salas de baño, e interesantes los restos arquitectónicos. Entre esta localidad y Tell es-Sultán se encuentran los restos de una sinagoga del s. VIII: tiene forma basilical y en el pavimento se observan elementos característicos del culto hebreo.

      A Jerusalén puede volverse por dos carreteras: la antigua o la moderna. La primera pasa entre las ruinas de la Jericó herodiana y costea después la profunda garganta del W. el-Qelt. En esta soledad se localiza el recuerdo del retiro de S. Joaquín, lamentando la esterilidad de su esposa Sta. Ana, y donde un ángel le habría anunciado el nacimiento de la Virgen. En recuerdo de estas tradiciones fue construido, en 476, sobre una pendiente de barrancosos precipicios, el monasterio de Kósiba, dedicado a la Virgen Madre de Dios. Siguiendo la carretera asfaltada, una desviación conduce a Nebi Musa, donde, según una leyenda musulmana, estaría enterrado Moisés. A medio camino de Jerusalén, donde se alza la construcción Khan el-Hathrur, una antigua tradición veneraba en este lugar el episodio evangélico del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37). Sobre una cercana altura se alzaba una antigua fortaleza para defensa de los transeúntes, llamada por los árabes Qala'at ed-Damm (=castillo de la sangre), que corresponde con gran probabilidad al Adomim (=rojo) de la Biblia (Jos 15, 7).