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El Olivete o Monte de los Olivos (Gebel et-Tur, en árabe) está situado al oriente de Jerusalén y lo separa de la ciudad el valle del Cedrón. Recordado ya en el A. Testamento, guarda profundos recuerdos para todo cristiano. En la cumbre, y sobre una gruta que conserva el recuerdo de las últimas enseñanzas de Cristo: discurso escatológico, oración del Padre Nuestro, Santa Elena erigió una basílica llamada Eleona (“Ecciesia in Eleona” =en olivar). Unos metros más al norte, en el lugar donde se conserva el recuerdo de la Ascensión de Jesús, la rica y piadosa matrona romana, Pomenia, levantó un edificio octagonal, denominado Imbomon (=en la colina), que fue destruido por los persas y reconstruido por los cruzados con el nombre de Iglesia de la Ascensión. Dentro del edículo estaba la piedra sobre la cual, según la tradición, se posaron los pies de Jesucristo. Con Saladino, en 1187, la iglesia fue transformada en mezquita, y hoy no quedan del antiguo edificio más que el edículo y algunos restos. Sobre las ruinas de la basílica de la Eleona los cruzados erigieron la Iglesia del Pater Noster. En el claustro del actual convento carmelita, construido sobre las ruinas de la iglesia del s. IV, está escrito el Padrenuestro en diversas lenguas. En el lugar llamado Viri Galilaei, tiene su residencia el patriarca griego-ortodoxo; en lo más alto del Olivete destaca por su esbeltez la torre del convento de monjas rusas.
El convento franciscano, en la vertiente opuesta del Olívete, ocupa el lugar tradicional de la antigua aldea de Betfagé, donde el Señor mandó traer el pollino para hacer su entrada triunfal en Jerusalén (Me 11, 1). Ya en el s. VI existía una iglesia en recuerdo del coloquio que Marta y María tuvieron con Jesús antes de la resurrección de Lázaro. En la capilla actual, construida en 1883 sobre las ruinas de un antiguo santuario, una reja encierra un bloque de piedra con pinturas medievales alusivas a episodios evangélicos del lugar.
A poca distancia y al borde de la carretera de Jericó, se encuentra Betania (El-Azariyeh), donde tenían su casa los hermanos Marta, María y Lázaro, en la cual Jesús gustaba hospedarse (Jn 11, 1-44; 12, 1-11). Unos metros más arriba de la actual iglesia franciscana, se encuentra la tumba de Lázaro, a la que se desciende por una escalera excavada en la roca. Las excavaciones realizadas en 1949-51 por el Studium Biblicum Franczscanum, pusieron de manifiesto la existencia de sucesivos santuarios: una iglesia del s. IV que, destruida por un terremoto, fue suplantada por otra en el s. V, y finalmente otra cruzada (1137) dedicada, como las dos anteriores, a S. Lázaro.
Saliendo de Jerusalén hacia el sur, camino de Belén, nos encontramos, a la izquierda de la carretera, con un edificio que tiene el aspecto de una fortaleza. Es el monasterio griego de Mar Elías, fundado por el abad Anastasio en el s. V, y llamado así porque según una leyenda aquí descansó el profeta Elías huyendo de las iras de Jezabel (1 Re 19). Un par de kilómetros más adelante a la derecha, está la Tumba de Raquel, donde se dice fue enterrada la esposa predilecta de Jacob.
Siguiendo la carretera entramos en Belén (Beit Lahm, en árabe). La ciudad se asienta sobre dos colinas cubiertas de viñedos, higueras, almendros y olivos, ofreciendo el aspecto de un anfiteatro que mira al desierto de Judá. Mencionada por primera vez en la Biblia en relación con la muerte de Raquel. Belén es la patria de David, en cuyos alrededores guardaba los rebaños de su padre, y más tarde fue ungido rey de Israel por Samuel. Su importancia en el mundo le viene, sin embargo, por haber nacido en ella el Salvador. La Gruta del Nacimiento fue venerada por los primeros cristianos, pero fue profanada por los romanos (135) que plantaron allí un bosque consagrado a Adonis. Constantino taló el bosque e hizo construir una basílica (326) sobre la Gruta. Destruida por los samaritanos, fue restaurada por Justiniano(528-65) que le dio la forma arquitectónica actual. La invasión persa 614) respetó la basílica en atención a los mosaicos de los Reyes Magos. Los cruzados la embellecieron con pinturas y mosaicos de estilo bizantino. Los franciscanos tomaron posesión del santuario en 1347, pero en 1752 fueron despojados por los griegos de la Basílica y del altar de la Natividad en la Gruta. Actualmente los franciscanos celebran sus funciones en el altar del Pesebre y en el de los Magos. La Gruta está debajo del presbiterio y para bajar a ella hay dos puertas pequeñas. Bajo el altar de la Natividad hay una estrella de plata con las palabras: "HIC DE VIRGINE MARIA JESUS CHRISTUS NATUS EST" (=aquí nació Jesucristo de la Virgen María). Contiguo y a nivel más bajo, está el Pesebre. Se cree que aquí la Santísima Virgen recostó al recién nacido. Enfrente hay un altar dedicado a los Reyes Magos. Frente al lugar del nacimiento una puerta comunica la Gruta con varias capillas: de San José, de los Inocentes, de S. Eusebio de Cremona, de las Santas Paula y Eustoquio y de S. Jerónimo, donde se cree que el gran doctor tradujo la Biblia al latín (Vulgata). Saliendo de las grutas se entra en la iglesia parroquial de Sta. Catalina, a cargo de los Padres franciscanos, y a la entrada de ésta tenemos el precioso claustro medieval, recientemente restaurado.
La Gruta de la Leche es un pequeño santuario perteneciente a los franciscanos donde una pía tradición quiere que una gota de la leche de la Virgen haya caído en tierra mientras trataba de amamantar a su divino Hijo.
Cerca de Belén está el pueblo de Beit-Sahur. Créese que de él eran originarios los pastores a quienes los ángeles anunciaron el nacimiento de Jesús. Pasada la fértil llanura, identificada con el Campo de Booz, se llega al santuario del Campo de los Pastores, construido por la Custodia de Tierra Santa después de haber realizado interesantes excavaciones arqueológicas.
A unos kilómetros de Belén se alza majestuoso el Monte de los Francos o Herodium, llamado así por la fortaleza y sepulcro de Herodes. De este monte se llega a Wadi Khareitun, donde están las ruinas de la laura fundada en 330 por S. Garitón. Khirbet Tecua patria del profeta Amos y donde, posiblemente, fue enterrado. Son interesantes los monasterios de S. Teodosio, donde se cree que los Magos se detuvieron de regreso a su patria, y San Sabas, colgado como nido de águila al borde del Cedrón y centro, a partir del s. V, del monaquisino palestino. En él vivieron varios santos; los más célebres: S. Sabas, S. Juan el Silencioso, S. Juan Damasceno, S. Cosme y S. Teofanio Graptos. De la otra parte del torrente Cedrón se contempla el empinado picacho del Muntar. Sobre su cumbre la emperatriz Eudocia levantó una torre y allí oyó las enseñanzas de s. Eutimio.
En el ameno y fértil valle de Etam (Wadi Urtás) están los Estanques de Salomón, cuyo origen no está aún resuelto. Al fondo del último estanque hay una fuente, 'Ain Salih, identificada por los peregrinos con la Fuente Sellada del Cantar de los Cantares (4, 12). En el mismo valle y un poco más abajo, se alza el convento de Hortus Conclusus (Cant 4, 12) fundado en 1901 por religiosas uruguayas de Santa María del Huerto.
Es muy probable, literaria y arqueológicamente, que Ain Karem, pueblecito cerca de Jerusalén y que los cristianos solían llamar San Juan in Montana, sea la patria del Precursor (Le 1, 39-65; 1, 57-79). En época bizantina, siglo V-VI, había ya una capilla, y el nombre de la aldea es mencionado por primera vez en un calendario de Jerusalén del siglo VII. Dos santuarios conmemoran la escena evangélica. En el mismo pueblo la iglesia de S. Juan, de tres naves, divididas por pilastras, con cúpula; al fondo de la nave de la izquierda, una gruta natural, lugar, según la tradición, del nacimiento del Precursor. Remonta al s. XII. Tras ocupación y profanación por los musulmanes, fue restaurada y devuelta al culto por los franciscanos en 1674. En la otra extremidad del pueblo, sobre la pendiente de la montaña, está el santuario de la Visitación, reconstruido en 1939, con dos iglesias sobrepuestas, a imitación de lo que hicieron ya los cruzados; la inferior está sobre el sitio de una antigua iglesia bizantina. En el centro de la aldea se encuentra la Fuente de la Virgen, recordada y venerada por los antiguos peregrinos. A una legua de Ain Karem, junto a la actual colonia judía de Even Sapir, está el llamado Desierto de S. Juan, donde según una piadosa creencia, en este lugar pasaría S. Juan su vida solitaria "hasta el tiempo de su manifestación a Israel" (Lc 1, 80).
A unos 18 kms de Jerusalén se encuentra la aldea musulmana de el-Qubeibeh, identificada con el Emaús evangélico (Lc 24, 13-15). El actual santuario, edificado en 1900 sobre las ruinas del antiguo, consta de tres naves; en la de la izquierda hay una construcción rectangular que la tradición cristiana indica como los restos de la Casa, de Cleofás, donde tuvo lugar la "fracción del pan". El terreno y las ruinas de la antigua basílica fueron comprados en 1861 por la marquesa Paulina de Nicolay que los donó a los franciscanos. La localización del Emaús evangélico continúa siendo una cuestión muy discutida, pero las excavaciones de 1940-44 han demostrado que este lugar estaba ya habitado en tiempos de Cristo y que la "casa" incorporada a la iglesia no es anacronística.
Volviendo hacia Jerusalén encontramos Nebí Samuel, uno de los puntos más altos de Judea (895m). Según la opinión general, corresponde al "lugar alto" de Gabaón, y aquí se tuvo, por algún tiempo, el culto yahvístico (1 Cr 16, 39). Debido a una errónea identificación, Nebí Samuel fue venerado como lugar del sepulcro del profeta Samuel, y en su honor fue construido, en el s. V, sobre la supuesta tumba, un edificio religioso. Con la venida de los cruzados los monjes premonstratenses construyeron una nueva iglesia bajo la advocación de San Samuel de Monjoye (=monte de la alegría), porque desde aquí, los peregrinos medievales divisaban por primera vez la Ciudad Santa. La actual mezquita rematada por un esbelto alminar, sustituye a los antiguos edificios cristianos.
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