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Documentación sobre Tierra Santa

Con el nombre histórico de Judea, que ha quedado en uso hasta nuestros días, se designa a la parte meridional de la altiplanicie en cuyo centro se encuentra Jerusalén. El término Judea se remonta a los tiempos helenísticos y se encuentra en los autores paganos, en los libros de los Macabeos, en Flavio Josefo y en el Nuevo Testamento. Geográficamente está limitada al este por la profunda depresión del Jordán y el Mar Muerto; al oeste por la llanura costera; al sur por los contrafuertes que van descendiendo gradualmente hacia el Néguev; y al norte por una serie de colinas que son como las avanzadas de Jerusalén.

Después del cisma (932 a. C.), el territorio de las doce tribus fue dividido en cuatro regiones: Judea, Samaría, Galilea y Perea. Judea comprendía los territorios de Judá, Benjamín, Dan y parte de Efraím. Más tarde, los romanos extendieron el nombre de Judea a todo el territorio que, desde el s. IV hasta hoy, se conoce con el nombre de Palestina o Tierra Santa.

Su configuración es, en general, montañosa, las lluvias poco frecuentes y los manantiales escasos; la vegetación es pobre, excepto en las dos llanuras, la del litoral y la de Jericó, que son muy fértiles. El clima presenta una variedad sorprendente: tórrido en la región del Ghor, más bien cálido en la llanura marítima, templado en la meseta, donde a veces nieva durante la estación fría. Judea es muy rica en recuerdos bíblicos: es difícil encontrar -como veremos a continuación- una montaña, un valle, que no hayan servido de marco a algún acontecimiento relacionado con el Antiguo o el Nuevo Testamento.

Tomando a Jerusalén como centro y punto de partida, y dirigiéndonos hacia el norte, por la carretera que lleva a Eamallah, pasamos, en primer lugar, Anatot, patria de Jeremías. La actual aldea Anata ocupa el emplazamiento de un antiguo poblado de la época romana y bizantina;  Tell el-Full (=colina de las habas) identificado con Gábaa de Benjamín (Jos 18,28) fue patria y residencia del rey Saúl (Sam 10, 26; 13, 1-6). En el período helenístico-romano es recordado con el nombre de Guibeat-Saul. El pueblo de er-Ram, que se levanta sobre un gran cerro, es el antiguo Ramah, ciudad levítica de Benjamín. El rey de Israel, Basa, pretendió fortificarla contra la tribu de Judá, pero Asa, rey de Judá, la desmanteló (1 Re 15, 17-22). En ella fueron agrupados los judíos desterrados a Babilonia en la invasión asiría, de cuya cautividad fue excluido Jeremías (Jer 40, 1). No lejos de aquí están las aldeas de Geba y Mukhmás. Geba, que conserva el nombre y el lugar de la ciudad levítica de Benjamín, está separada de Mukhmás por el valle (wadi) profundo y escarpado de es-Suweinit que tuvo que escalar Jonatás para penetrar en el campo enemigo que ocupaba las alturas de Mukhmás. Bajando el wadi es-Suweinit puede visitarse Khirbet et-Alaiyta, la laura fundada por S. Fermín en el s. V. Pasado el aeropuerto de Jerusalén, Qalandiyeh, tenemos Tell en-Nasbeh sobre un montículo peñascoso que, según algunos estudios modernos, corresponde al Mispah (Mas fat) bíblico, primer centro político de los hebreos (Jue 20, 1), donde Samuel inició su obra reformadora y Saúl fue proclamado rey. Godolías, nombrado gobernador después de la destrucción de Jerusalén por los caldeos, la escogió como capital. Aquí se reunieron los Macabeos antes de empezar su lucha para la liberación de Israel. Ramallah es una ciudad moderna con mayoría cristiana. Puede servir como punto de partida para interesantes excursiones. Desde aquí, siguiendo la carretera que lleva a Latrún, y, sobre un cerro escarpado, encontramos Beit-'Ur el-Foqa (Beit-Horón de Arriba) que domina las llanuras de Ayalón y Gabaón. Desde la cúspide Josué prorrumpió en este glorioso grito de victoria: "Sol, detente sobre Gabaón; y tú, luna, sobre el valle de Ayalón" (Jos 10, 12). Un poco más abajo se encuentra Beit-'Ur el-Tahta (Beit-Horón de Abajo) que formaba el límite fronterizo entre Judá y Efraín, y fue fortificada por Salomón. Amuás corresponde al Emaús de los Macabeos. Fue teatro de las victorias de Judas Macabeo sobre Nicanor y Gorgias, generales de Antíoco IV Epífanes (I Mac 3, 40; 4,3,). En el 47 a.C. fue elegida capital de toparquía. Refugio del salteador Atrong, que con sus emboscadas causaba numerosas pérdidas a los romanos, fue incendiada por Varón el año 4 a. C. Tito, en el año 70, la condecoró con el título de Nicópolis  (=victoriosa). Según Orígenes, fue considerada por Eusebio y s. Jerónimo como el Emaús evangélico y venerada como tal durante todo el período bizantino. En Latrún, cerca de Amuás, está el monasterio de los padres trapenses, construido sobre las ruinas de un castillo de los Caballeros Templarios (s.XII) conocido con el nombre de Turo Militum (=fortín de los caballeros) y Castrum Boni Latronis (=castillo del Buen Ladrón).

Al noroeste de Ramallah tenemos Bir-Zeit, la Birzeit de 1Cro 7,31, y 1Mac 9,4, ss., donde cayó Judas Macabeo luchando contra Báquides; Khirbet Tibneh, la antigua Thammata o Thamna, jefatura de una toparquía en la época helenística, y donde murió y fue sepultado Josué (Jos 19, 50; 24, 30). Al borde de los montes de Efraín se encuentra Rentis. Es la Ramataim Sofim, patria del profeta Samuel, en donde tenía su casa y murió (1 Sam 1, 1-19). Refugio de David perseguido por Saúl, fue desmembrada de la Samaría y vinculada a Judea por Demetrio en favor de Jonatás. Modificada en Arimatea por los escritores bizantinos, fue considerada la patria de José de Arimatea, y en la Edad Media hubo una abadía dedicada a este personaje evangélico. A poca  distancia tenemos Gammala, que algunos identifican con Cafargámala, lugar de la sepultura de S. Esteban Protomártir.

Unido a Ramallah está el-Bireh, la antigua Berot, villa de la tetrápolis gabaonita y la más septentrional de este grupo (Jos 9, 17). Se piensa que aquí hacían los peregrinos judíos su primera etapa de vuelta a Galilea, y desde los tiempos  medievales fue considerado como el lugar en que la Virgen María advirtió  la  ausencia  de  Jesús después de las fiestas de Pascua. En honor de  este recuerdo se construyó una iglesia, de la cual no quedan hoy casi restos.  Por un camino que pasa entre olivares se llega a Beitín, la bíblica Betel y la Luza de Abraham, donde éste plantó sus tiendas y Jacob vio en sueños la famosa escala. En la época premonárquica fue un lugar de culto y de reunión del pueblo. Jeroboam, después del cisma, erigió un santuario donde se adoraba al becerro de oro. Destruida por Vespasiano, floreció de nuevo con el cristianismo. Frente a Der Diwán se alza la colina de et-Tell, identificada con la ciudad cananea de 'Ay, destruida por Josué (Jos 8,21). El actual pueblo de et-Tayibeh corresponde a Ofra, capital de un distrito de Samaría y a la Efrem del evangelio (Jn 11, 54) donde Jesús se retiró con sus discípulos antes de su pasión. A unos 20 kms de Ramallah, en dirección a Naplusa, se toma un camino a la derecha y se llega a Khirbet Seilún, la antigua Silo, sede del Arca de la Alianza por más de tres centurias. Cuando los filisteos vencieron a los israelitas y se apoderaron del arca. Silo comenzó a decaer. Fue reconstruida en la época helenística y sobrevivió hasta después de las cruzadas.

Se llama Desierto de Judá a las laderas orientales de esta provincia que van descendiente rápidamente desde Efraim, Betel, Jericó y Belén hacia la fosa del Ghor y el Mar Muerto. Cortado por profundas gargantas y surcado de abruptos torrentes, resulta a veces inaccesible, sobre todo en su parte sur. En él se retiraron S. Juan (Mt 3,1) y Nuestro Señor (Mt 4, 1-2). En los tres siglos que van de Constantino hasta la invasión árabe, fue poblado por numerosos cenobitas y monjes. Algunos de estos célebres monasterios subsisten aún hoy día, habitados todos estos por monjes griegos ortodoxos: S. Teodosio, S. Sabas, Cosiba y Cuarentena. Hay otros que están en ruinas, como los de Muntar, Khirbet el-Merd, Khirbet el-Ahmar, etc. Al sur del desierto de Judá tenemos Engedi ('Ain Gidi), que el Cantar de los Canta res (1, 14) y la historia de David (1 Sam 24, 1) han hecho célebres. En estos parajes se dedicaron a la vida anacorética los esenios y monjes cristianos. Al sur de Engedi y, a casi 500 m sobre el Mar Muerto, está la imponente fortaleza de Masada (Qasr Sebhe) donde los Judíos, después de la destrucción de Jerusalén (año 70), opusieron una resistencia desesperada a las huestes romanas. Al sur se ve Gebel Usdum serranía agreste de empinados y agrestes precipicios, formada por sedimentos de sales, cuyo nombre nos trae a la memoria el recuerdo de la antigua Sodoma.

Al sur de Belén, siguiendo la carretera que conduce a Hebrón, encontramos los Estanques de Salomón, tres inmensas albercas; a continuación la localidad de 'Ain Dirueh o Fuente del diácono s. Felipe, donde se dice que fue bautizado el eunuco de la reina de Candaces, Etiopía (Act 8, 26-39). A la derecha, sobre el monte, ruinas del castillo medieval de Bet-Sur, villa cananea asignada a la tribu de Judá (Jos 15, 18) y fortaleza  de Roboam. Una  desviación a la izquierda lleva a Mambré, consagrada por los recuerdos de Abraham, Isaac y Jacob. Pueden verse hoy día vestigios de cinco épocas diferentes: de la construcción de Herodes, de Adriano, de la basílica constantiniana que restauró el patriarca Modesto, y restos del período árabe. Hebrón, denominada actualmente por los árabes el-Khalil (=el amisgo de Dios), por alusión al calificativo de Abraham (Is 41, 8), es hoy una ciudad enteramente musulmana. Con sus calles estrechas, tortuosas, empinadas y sombrías, sus casas de forma cúbica con  cúpulas y  sus  pintorescos bazares, es un típico ejemplar de ciudad árabe. Antiguamente era conocida con el nombre de Quiriat Arba, o sea, "ciudad de cuatro" tribus confederadas de la raza de los 'anaquim. Es una de las ciudades más antiguas del mundo ya que, según Núm 13, 23, fue fundada siete anos antes que Tanis, antigua capital del Bajo Egipto. Hebrón nos trae el recuerdo de Abraham y Sara (Gen 23, 2) que aquí fueron sepultados, en la Gruta de Macpela, junto con Isaac, Lía, Rebeca y Jacob. El sepulcro de los patriarcas fue un lugar de peregrinación para los israelitas. En Hebrón fue proclamado rey David y fue su capital durante siete años y medio hasta la toma de Jerusalén, momento que aprovechó Absalón, su hijo, para levantar en Hebrón su cuartel general contra su padre. Durante el destierro cayó en poder de los idumeos, hasta que Judas Macabeo la reconquistó. Más tarde fue reducida a cenizas por Cerealis, general de Vespasiano. En en s. IV no era más que "una gran aldea", hasta que con la venida de  los árabes volvió a florecer. Los cruzados la llamaron "Castillo de S. Abraham"; reconquistada por los musulmanes, la convirtieron en una de las cuatro ciudades santas del islam. El monumento más importante de Hebrón es el Haram el-Khalil, edificio grandioso, dentro del cual se venera la Gruta de Macpela, con los cenotafios de los patriarcas. Tell ez-Zif, a 6 km al sur, fue fortificada por Roboam (2 Cr 11, 8) y ha dado su nombre al Desierto de Zif, célebre por las peripecias de David perseguido por Saúl (1 Sam 23, 14).

Berseba  (Be'er Sheva =pozo de los siete o del juramento) constituyó durante largo tiempo el límite meridional de la Tierra Prometida. Célebre durante la época de los patriarcas (Gn 21, 33) fue lugar venerado hasta los tiempos de Samuel (1 Sam 8, 2). Puede visitarse el pozo de Abraham cuya construcción no se remonta más allá del período bizantino. La antigua ciudad estaba en el actual Tell es-Seba, a 5 km al este. Al sur de Bersabea, a unos 200 kms, está Eilat, puerto del Mar Rojo, y muy cerca Tell Heleifi, identificada con Etsión-Gaber, donde Salomón construyó una flota (1 Re 9, 26). Al sur de Bersabea, hasta Eilat, se extiende una región árida y desértica, el Néguev (= "seco", "árido"). Como nombre geográfico denota la parte más meridional del país: de aquí que el Néguev pasara a designar uno de los cuatro puntos cardinales, el sur.

A unos 40 kms al norte de Bersabea y casi en línea recta, se encuentra Lakhis, en árabe Tell ed Duweir, ciudad amorrea conquistada por Josué y fortificada por Roboam, aunque más tarde cayó en poder de Sennaquerib. Las excavaciones realizadas en el lugar (1933-38) aportaron interesantes hallazgos. Continuando hacia Jerusalén tenemos el Kibbutz Beit Guvrin, que se alza sobre la antigua Beit Gubrin, elevada por Septimio Severo (año 200) a metrópolis de la Palestina meridional con el nombre de Eleuterópolis. Los cruzados edificaron una iglesia y una fortaleza. Merecen visitarse los preciosos mosaicos de época romano-bizantina. Antes de llegar a la carretera Tel Aviv - Jerusalén, encontramos Beit Gemal, que algunos identifican con Cafar Gamal, célebre por el sepulcro de s. Esteban, y Beit Shemesh, donde se detuvo el arca de la alianza transportada del país de los filisteos que lo habían tomado a los israelitas (1 Sam 6,13) y desde donde se la condujo a Qiriat Yearim. Sobre las ruinas de la antigua Qiriat Yearim, y en lo mas alto de la colina, se alza una iglesia dedicada a la Virgen, mística Arca de la Alianza. Muy cerca de esta iglesia, en el poblado árabe de Abu-Ghosh, existe una iglesia medieval (s. XII) muy bien conservada.