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"POR LA ENTRAÑABLE MISERICORDIA"

"En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios"

En la solemnidad de la Inmaculada el papa Francisco abre el Jubileo de la Misericordia. Un año para que reflexionemos y vivamos de un modo especial el gran misterio del Amor de Dios a los hombres, a todos los hombres, a cada uno de nosotros, al enviar a su Hijo al mundo: “Ved qué amor tan grande nos ha tenido el Padre”. “Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó…”. “Ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre. No por las obras que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado…”.

Con mucha más fuerza en los días de Navidad, cuando vemos ese amor palpable, tangible en la insignificancia de un niño: el Niño de Belén.

En la obertura de la gran obra de la salvación, que es el capítulo primero de san Lucas, ya encontramos a los protagonistas reflexionar y proclamar la misericordia de Dios: María reconoce que “su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”. Y Zacarías, con la lengua expedita, después de un bloqueo de nueve meses, confiesa que “por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto”.

Nos han traducido así lo que es mucho más profundo y conmovedor: la entraña misericordiosa de nuestro Dios. En la entraña de Belén, “el pequeño agujero de la tierra”, que decía san Jerónimo y que os recordaba el año pasado, arranca esa relación amorosa de Dios con nosotros. Que da pie a que podamos cantar: “ver a Dios en la criatura / ver a Dios hecho mortal”. ¡Oh admirable misterio! Que no nos debe dejar sólo en la admiración o el arrobamiento, con las consecuencias de eso que llamamos el gozo navideño, “días de alegría y exultación”, en boca de Francisco de Asís. En esa misma línea escribe el papa Francisco en la “Misericordiae vultus”: “Contemplar el misterio de la misericordia es fuente de alegría, de serenidad y de paz”.

Hay que llegar al compromiso de sacar afuera la misericordia que el Señor, rico en ella, ha puesto en nuestros corazones. “Ser misericordiosos, como el Padre”. Y “practicar las obras de misericordia” –el papa recuerda las corporales y espirituales- entre tantos necesitados en los que también se ha encarnado, hecho presente el Hijo de Dios, nacido en Belén. Sería el mejor regalo que podemos ofrecer al Niño en estos días de Navidad.

 

 

 

 

Fr. Teodoro López

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TIERRA SANTA

El Evangelio en su Tierra
Cursos Bíblicos
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Pro Terra Sancta - in support of the Custody of the Holy Land

Devuélvele la luz a la pequeña Amani.

Esta pequeña de Belén tiene 9 años y asiste al 4º curso de educación primaria de la escuela de los franciscanos.

Desde su nacimiento sufre graves problemas de visión.

AMANI NECESITA TU AYUDA.

En estos momentos se encuentra esperando una nueva operación que le permitirá volver a descubrir los colores del mundo y a sonreír.

Sin embargo esta intervención cuesta mucho y su familia no cuenta con los medios necesarios para pagarla.

– 50 euro: ofrece asistencia médica y medicamentos a los niños más necesitados de Belén.

150 euro: contribuye a apoyar intervenciones urgentes como la que necesita Amani..

365 euro: garantiza la beca de estudios anual para un niño de Belén.

Tu ayuda llega muy rápido a los niños y niñas de Belén.

amani e sacra famiglia

Los frailes franciscanos recuerdan cada día en sus oraciones a todos aquellos que ayudan a Tierra Santa.

EL RESULTADO DE LA COLECTA DEL VIERNES SANTO DEL AÑO 2015 EN

LAS DIOCESIS ESPAÑOLAS FUE DE 1.572.913.14 EUROS

+ Subamos al monte del Señor…

“Jesucristo es el rostro de la misericorda del Padre… ella se ha vuelto  viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret…quien con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios”. (MV 1). Cristo encarna y personifica la misericordia.
Para que lleguemos a penetrar en este misterio el papa Francisco abrió las puertas al  Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Y podamos comprender que ésta es “fuente de alegría, de serenidad y de paz, condición para nuestra salvación”. Una invitación a penetrar en el amor de Dios, que ha entregado a su Hijo “para que el mundo tenga vida por medio de El”. Porque la misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino  en su plenitud: “Dios es amor”. “Ved que amor nos ha tenido el Padre”…
La persona de Cristo no es otra cosa que amor. Un amor que se dona gratuitamente y que se ha hecho visible y tangible a lo largo de su vida en la compasión manifestada ante las necesidades de cuantos se acercan a él. La vida pública de Jesús es todo un despliege de amor y misericordia que se vuelca ante todas las formas de miseria humana y con todos los que tenían necesidad de piedad, de comprensión y de perdón. “Salía de él un poder que sanaba a todos”.  Pasó haciendo el bien, como resume su vida san Pedro en Cesarea.
En el Viernes Santo comprendemos el gesto de la generosa entrega de Cristo. El misterio del amor de Dios se desvela en la cruz: dar la vida por el gran amor con que nos amó. Jesús ponía en práctica lo que había dicho poco antes de padecer: “que nadie tiene amor más grande que el que entrega la vida por sus amigos”.   
                                                   

 
…en la tierra de la Misericordia.

Tierra Santa es la tierra de la Misericordia. Ante la opresión del pueblo hebreo en Egipto, Dios se manifiesta como Misericordia en la zarza ardiente ante Moisés: “El clamor de los hijos de Israel ha llegado a mí y he visto cómo los tiranizan los egipcios… Te envío al faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel” (Ex. 3, 9-10). En el Monte Sinaí establece una Alianza de amor con todo el pueblo, al que se revela como “paciente y misericordioso, y le muestra un camino de Misericordia con el decálogo al que el pueblo responde: “haremos todo lo que ha dicho el Señor y le obedeceremos” (Ex. 24, 7). La Misericordia del Señor fue guiando al pueblo elegido por el desierto, alimentándolo con el maná y viviendo en medio de ellos en el Arca de la Alianza. La Misericordia lo condujo a la Tierra Prometida, donde lo va educando con tantas acciones  de la historia de la salvación y la intervención de los profetas hasta hacerle cantar “eterna es su misericordia”.
En Jesús -el sol que nace de lo alto- el Padre nos muestra la entraña  misericordiosa. Se compadece de las multitudes cansadas y extenuadas; calma el hambre de las muchedumbres; cura a los enfermos que le presentan; se acerca a los alejados “¡y come con ellos!...  
Cargado con la cruz nos anima a seguirle al Calvario. El “lugar de la calavera” es el monte de la misericordia, que unida al perdón se derrama de generación en generación. Y llega a todos los que acuden a esa fuente de gracia que es el costado abierto de Cristo. “Mirad al que traspasaron” es la invitación del Viernes Santo para comprender que “la misericordia del Señor llena la tierra”. Una misericordia que se transforma en vida, en resurrección, en triunfo sobre la muerte: “buscáis a Jesús el Nazareno, no está aquí, ha resucitado como había dicho”

“¡Sed misericordiosos!

El seguidor de Jesús tiene como meta en su aspiración a la perfección el ser misericordioso “como vuestro Padre es misericordioso”.
San León Magno explicaba esta aspiración a la santidad como realización de las “obras de misericordia”: “Porque esta debe ser sobre todo la preocupación de los santos: que nadie padezca el frío, que nadie sufra hambre, que nadie muera por falta de alimento, que nadie se destruya en el dolor, que las cadenas no tengan a nadie retenido, que la cárcel no tenga a nadie recluido…”.
  “No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero”. (MV15)
La práctica de las obras de misericordia, en Tierra Santa y en todo el Oriente Medio es “hacer de la necesidad virtud”. Al pie de la cruz contemplamos escenas de tantas carencias y penalidades que pasa la comunidad cristiana: los niños abandonados y acogidos; los ancianos y enfermos asistidos con cariño; los profugos y refugiados de Siria e Irak… Las cifras sobre ayudas dicen poco. Sólo en Belén: 750 niños, 490 familias, 630 ancianos y enfermos, miles de refugiados atendidos en las islas de Kos y Rodas… Dicen, que, a través de la Custodia de Tierra Santa y de otras instituciones y organismos, la Iglesia “vive una vida auténtica cuando proclama, profesa y ejerce la misericordia”. (Juan Pablo II, DM).

 

Como buenos hermanos, contribuid a las necesidades de los santos”
Rom 12,13

 

 

​Buenas noches, P. Teodoro...

Ha sido para todos nosotros una experiencia inolvidable esta Peregrinación a Tierra Santa. 

De los 27 que formábamos el grupo Caná, sólo cuatro ya habían visitado ​Tierra Santa; para todos los demás era la primera vez.

Nos hemos sentido muy bendecidos por Dios en nuestro grupo con el P. Magí y por poder animar las celebraciones. Nosotros trabajamos siempre en Semana Santa en varias parroquias, desde hace 30 años. Esta vez nos tocó estar en Jerusalén.

¡Gracias a la familia franciscana!

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Javier y Montse

“Despavoridas, miraban al suelo”

“No sabían qué pensar de aquello”Lc 24, 4.

Cuando se ha vivido la Semana Santa en Jerusalén, donde los acontecimientos “ocurridos en la ciudad aquellos días” tienen una fuerza de actualización y una penetración en la vida mucho más profunda, sorprende la literalidad del relato evangélico de Lucas, proclamado este año en la Vigilia Pascual. Impresionan las actitudes y reacciones de los protagonistas: Las mujeres, que han descansado el sábado “de acuerdo con el precepto”, estaban desconcertadas al no encontrar el cuerpo del Señor Jesús. Ante los “dos hombres con vestidos refulgentes” quedan despavoridas y mirando al suelo. Los Once y todos los demás tomaron por un delirio lo que las mujeres anunciaron. Pedro, que ha superado el desconcierto y “sin embargo se levantó”, se vuelve a casa admirándose de lo sucedido. Los Once y sus compañeros, acogen el saludo de “paz a vosotros” de Jesús también despavoridos y llenos de miedo; hasta creían ver un fantasma. A pesar del entusiasmo con que han escuchado la narración de los de Emaús.

No es un reproche; está llena de serenidad la pregunta de Jesús: “¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón?” Y de paciencia la repetición de la catequesis de que así tenía que ser. Al final, cuando el Resucitado les abre las mentes para comprender las Escrituras y reciban la fuerza de lo alto, se va a producir la transformación. Saldrán con la cabeza bien alta a proclamar la conversión para el perdón de los pecados. “Vosotros sois testigos”.

Hice hincapié en la homilía de esa noche santa -celebrada en Getsemaní- en esas actitudes de los testigos de la Resurrección: Despavoridos, llenos de miedo, viendo fantasmas… Son actitudes que no tienen cabida en nuestras vidas de resucitados con Cristo, de iluminados por luz tan radiante. Por más que veamos un panorama tan negro en nuestras sociedades: el terrorismo que había golpeado en el corazón de Europa, el avance de la increencia combativa, la persecución y martirio de tantos cristianos tan cerca de nosotros… El Señor está vivo. El Señor ha vencido a la muerte, al pecado y al odio. De esto somos testigos.

Feliz Pascua de Resurrección del Señor a todos. ¡Aleluya!

Fr. Teodoro López