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Amigos de Tierra Santa

 EL CUSTODIO DE TIERRA SANTA   FRAY PIERBATTISTA PIZZABALLA

HACE DE INTÉRPRETE ENTRE NETANYAHU Y EL SANTO PADRE

 

 

 
EVANGELIO XVI A PDF Imprimir E-mail
Evangelio en su tierra

 «Dejadlos crecer juntos hasta la siega».

 
DOMINGO XVI (A)
 
«Dejadlos crecer juntos hasta la siega»
Lectura del santo Evangelio según San Mateo     13,24-30.
 
En aquel tiempo Jesús propuso esta parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
 1.- Texto y contexto. La historia humana entraña la tensión que el Génesis describe: el bien del Señor, cuyo administrador es el hombre, y el mal, fruto de la libertad humana.  Jesús, como judío, participa de esta interpretación de la historia. Y la parábola que le dirige a la gente va en este sentido. El mundo es el campo, que siembra de bien el campesino Dios; la cizaña es el mal que se origina por el diablo, la cultura de poder que ha construido el hombre y el egoísmo personal La lógica nos lleva a defender nuestra cosecha, nuestra vida, aquellas realidades que hacen posible la existencia y convivencia humana y que pide a Dios magistralmente la segunda parte del Padrenuestro: el pan, la paz y la defensa del mal que nos puede destruir. Cuando intentan los labradores limpiar el sembrado de la cizaña, el amo les avisa que no lo hagan. El propietario del campo sabe que en el tiempo de la cosecha parte de la cizaña se seca, y la que quede se destruye en el tiempo de la recolección. La finalidad es no dañar el trigo.
 
2.- Doctrina. Jesús ha enseñado en su vida pública una cuestión muy importante: El juicio de salvación es una decisión exclusiva del Señor. El hombre no tiene capacidad para emitir un juicio de salvación y de condena, ni de sí mismo ni de los demás (cf. Lc 6.37-38,41-42). La creación y la salvación es una cuestión exclusiva del Señor. Y esta reserva personal que hace el Señor es para beneficio del hombre, pues usará el perdón y la misericordia con más generosidad que el mismo hombre hará sobre su propio pecado y el de los demás.— La segunda enseñanza que nos muestra la parábola es que la realidad, sea cultural, social, comunitaria, familiar y personal está transida de bien y mal. Todo intento de purificarla totalmente del mal llevará a la destrucción de PARTEhttp://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png de bien que existe, porque la perfección en el bien y en el mal es imposible en la historia humana. Y cualquier planteamiento que se haga en este sentido falsea la vida, desconociendo cuál es nuestra naturaleza y nuestra historia, entretejida de sentimientos, actitudes, actos, criterios y principios de bien y mal. 
 
3.- Acción. Visto lo cual hay que saber bien qué entendemos por bien y mal; qué es realmente lo que beneficia la vida, en su dimensión personal y comunitaria; qué favorece la convivencia humana. En este sentido Jesús también es muy claro en su vida y enseñanza: amor a Dios y al prójimo, o a Dios por el prójimo, o al prójimo por Dios (cf. Mc 12,28-34), porque la salvación se dilucida en dichas relaciones: «Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer; …..» (Mt 25,31-46). Mientras tanto hay que sufrir el mal desde el amor. El mal hay que aceptarlo como una evidencia. Con él no se puede mirar hacia otro lado, ni luchar con el convencimiento de extirparlo, o curarlo, o vencerlo definitivamente. La actitud de superarlo se hace amando, se lleva a cabo haciendo el bien, y las invectivas del mal, como Jesús la cruz, se encajan desde el poder amoroso del Seño que anida en nuestro corazón.
 
 
 
 

 

 
FALLECE D. JOSE MARIA PORTILLO PDF Imprimir E-mail
Noticias

El sacerdote José María Portillo, de 82 años, falleció el sábado 12 de julio, por la noche, en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU) tras ser arrollado a media tarde en la plaza Vega por una moto.

El siniestro se produjo a las 18.31 horas en el centro de Burgos, según la primera llamada registrada por la sala del 112. Aunque la moto no circulaba a mucha velocidad, según las informaciones recabadas por la Policía Local en el lugar del siniestro, el impacto hizo que el peatón se golpease la cabeza contra el asfalto. Una UVI móvil le asistió con un fuerte traumatismo craneoencefálico y lo evacuó posteriormente al HUBU, donde los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida.

Q.E.P.D.

 
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CENÁCULO: Esto es extraordinario. PDF Imprimir E-mail
Noticias

500 años SIN HABER PODIDO CELEBRAR LA EUCARISTÍA DONDE CRISTO LA INSTITUYÓ, POR CAUSA DE UNA EXPULSIÓN

Beatísimo Padre: Es para nosotros –y para la Iglesia de Tierra Santa aquí representada por los ordinarios católica de Tierra Santa y por los patriarcas de las Iglesias de Oriente- una gran alegría estar con usted en este lugar santo, testigo del ardiente deseo de Jesús de amar a los suyos hasta la muerte. Este lugar ha visto cumplirse todas las promesas de Dios, y sabe que ninguna infidelidad del hombre, ningún temor, o ni siquiera nuestra traición, puede impedir a su Alianza cumplirse hasta el final, hasta la profundidad donde el Espíritu mora en nosotros, y nosotros en él. 

Desde el Cenáculo, adquirido para ser entregado a los franciscanos en el lejano 1333, los frailes se movían para «celebrar solemnemente misas cantadas y los oficios divinos» en el Santo Sepulcro, cuentan las crónicas. La apertura a la evangelización misionera de san Francisco, de hecho, llevó a los frailes a la Tierra de nuestra redención y la Iglesia confirmó nuestra misión de custodios de los santos lugares.

Como ve, no hay ninguna basílica que custodie el lugar donde Jesús celebró su última Pascua, donde rezó por los suyos, donde –resucitado- se apareció para entregar la paz, donde el Espíritu descendió sobre los apóstoles reunidos en oración con la Virgen María.

No se celebra la eucaristía en esta estancia, aunque hoy se haga una excepción, donde Jesús partió el pan y dio a sus discípulos el cáliz del vino nuevo, dándoles el mandato de repetir sus mismas palabras y gestos, haciendo su presencia real para siempre en medio de nosotros.

Este es uno de los lugares más heridos de toda Tierra Santa, testigo de las muchas heridas de los pueblos que la habitan. Pero nosotros queremos creer que estas heridas tienen un vínculo misterioso y real con los estigmas de la Pasión con las que el Resucitado, aquí, se apareció a los suyos; y que este vínculo es igualmente misterioso y real con aquella paz que Jesús nos ha dado y dejado, la Paz que es él mismo, el Señor victorioso del mal y de la muerte.

Beatísimo Padre, nosotros, la Iglesia, queremos custodiar estas heridas. Pero, al mismo tiempo, queremos custodiar con tenacidad una inmensa confianza, una confianza gozosamente pascual: la confianza en la humildad de Dios, en el estilo pobre y simple de su Reino, en la paciencia del grano de trigo. Este lugar nos obliga, de algún modo, a dar pequeños pasos, nos devuelve a lo esencial, nos hace vivir en humildad y confiados en la verdad; nos invita a creer que este es el único camino capaz de sembrar y construir comunión y amistad, incluso allí donde la comunión y la amistad son negadas desde hace siglos.

Aquí, hoy, con usted, queremos seguir creyendo que nada es imposible para Dios.

Y queremos hacerlo por esta tierra y por todas las tierras; por esta Iglesia y por toda la Iglesia, de la que el Cenáculo, así como es, es símbolo elocuente.

Reunidos aquí, en la conclusión de su peregrinación a Tierra Santa, damos gracias a Dios por esta eucaristía, signo de fraternidad y comunión, sacramento de unidad. La Iglesia es una e indivisa que nació aquí hace resonar en nuestros corazones el mandamiento nuevo, signo distintivo del seguimiento de Cristo Señor.

La ceremonia de ayer en el Santo Sepulcro nos conmovió y el sueño de la unidad de las Iglesias, de la que el Cenáculo es un símbolo nos pareció más cercano y tangible, y nos ha hecho exultar.

En unión a todo el pueblo de esta Tierra, al finalizar esta su peregrinación, le ofrecemos nuestro sincero y afectuoso agradecimiento por el alto testimonio de paz y de unidad que nos ha dado y le aseguramos nuestra oración constante y sincera aquí y en todos los lugares de la Redención.

Gracias.

 

FUENTE:  CUSTODIA.ORG

 
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